Opinión

MÚSICA PARA ENFRENTAR LA CRISIS

Rafael G. Vargas Pasaye

Dos figuras emblemáticas de la música se las llevó el Coronvirus en días recientes, ambos famosos por los cuatro costados: Óscar Chávez, el caifán mayor, símbolo de una época, la protesta, la revolución, la palabra siempre dicha de frente. Quien nos dejó claro que el infierno es amor tan eterno.

El otro es Luis Eduardo Aute, español que enseñó que a las cuatro y diez siempre es llegar a tiempo, y que todos los caminos conducen a Roma. También ambos nos dejaron un gran aprendizaje que en esta etapa de crisis deberíamos recordar.

Quizá eso le falta en este momento al mundo entero y por supuesto a México, un poco de sentimiento, un tanto de amor. Como hemos visto en redes sociales y en los índices que crecen de violencia familiar y de llamadas de auxilio al 911, en estos momentos están sobrando los odio y los gritos, y eso a nadie le conviene.

Confusiones y declaraciones han sobrado de parte de los políticos y los voceros (que no dejan de ser piezas en le ajedrez político), por ejemplo llamar “municipios de la esperanza” a los 269 donde por fortuna no se han detectado contagios y colindan con vecinos que tampoco han tenido contagios, aunque se probable que pese a sospechas en esos puntos alejados no se hayan hecho muestras científicas (las mismas que una y otra vez la autoridad ha dicho no es importante realizar).

Esos 269 son una parte pequeña frente a los 2 mil 280 si ya sumamos a los de la Ciudad de México, que contamos a lo largo y nacho del territorio, desde Tijuana hasta Mérida o desde Ciudad Juárez hasta Tapachula. En un contexto donde a la par de presumir haber domado a la pandemia llegan los primeros pacientes a instalaciones convertidas hospitales como el Autódromo Hermanos Rodríguez, o donde nos anuncian que entraremos a la “Nueva Realidad”, pero antes, o como siguiente estación hay que hacer escala en las instalaciones (tan criticadas en su momento por el López Obrador perdedor de las elecciones pasadas) de Teletón, también convertidas en hospitales donde dar cabida a los enfermos.

El problema de credibilidad que se vive en México con las autoridades nos lleva a dudar de la información oficial, y por lo tanto se tiene dudas de las cifras que cada noche el vocero ofrece, así como de saber que “probablemente nunca” volveremos a la vida que teníamos antes (mismo López-Gatell, dixit).

Coincido en que ni estamos ahora, ni estaremos cuando podamos salir a las calles en una realidad cercana a la que teníamos, será distinta, mejor o peor dependerá de muchas circunstancias, pero distinta sin duda. Viene la otra parte de la pandemia, lo económico, lo social, las elecciones del año entrante, la violencia que se dio en casa y que quizá perviva.

Por eso también es importante no olvidar ni a Luis EduardoAute ni a Óscar Chávez, y así tengamos presente que somos la epopeya de un pueblo olvidado, y que es terriblemente absurdo es estar vivo sin el latido de la persona que amamos.

@rvargaspasaye

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