Opinión

Los sentimientos que nos reprimen

Simples deducciones, por Juan Chávez 

Cuando una relación termina, las amigas abrazan a sus amigas y esto es literal, van desde una parranda hasta sentarse por horas a escuchar el dolor, la rabia, la frustración y en el peor de los casos hasta hacen planes para “vengar” que el ex, le haya hecho daño a la amiga, para esto, sí el susodicho ya anda con otra, “la intrusa” es odiada por todo el séquito de la dolida ex novia y pueden pasar semanas sin “abandonar” la causa, hasta que logran sacar del pozo a la amiga.

Pero, ¿qué pasa cuando es al revés?, ¿somos iguales los hombres?, porque a nosotros también nos duele cuando una novia a quien queremos o en casos más avanzados, hasta se piensa en formalizar y tener una vida juntos, nos deja, así, a veces con explicaciones burdas que dejan entrever que no se sentía lo mismo, que los sentimientos no eran recíprocos y todo se desvanece, es entonces cuando nosotros no podemos hacer lo mismo que ellas, menos a vista pública, nos crecen con la idea de que los hombres no lloramos y que siempre debemos dar la imagen de que nada ni nadie nos lastima, pero esto no debería ser así, al final de cuentas, sentimos dolor, tristeza, abandono y si, ansiedad también.

Mario es un caso ejemplo, duró con Armida desde el primer grado de secundaria, preparatoria y los primeros 3 años de universidad, “era estupendo, 9 años de feliz relación, me veía con ella en una casita, con un modesto carro y pasando fines de semana pintando la sala o podando el jardín, yendo a la playa tomados de la mano caminando en la arena”, pero sus planes no empataban con los de ella quien al oír esas palabras sólo sonreía pero no ponía nada de entusiasmo.

Él dio por hecho que ella estaba en la misma sintonía, “un día, cumpleaños de su mamá, con algunas cervezas encima me dijo que quería pedirme una disculpa adelantada, pero que quería le diera tiempo de respirar, que se sentía como prisionera y que estaba muy confundida”, Mario no entendió desde el primer minuto qué estaba pasando, pero aún con el corazón lastimado le dijo que sí, que todo el tiempo que ella quisiera y que recordara los momentos felices y lo mucho que él la amaba.

Ella le dio las gracias y fue la última vez que la pudo abrazar, ella también le pidió que no le mandara mensajes, “quiero limpiar mi mente y oxigenar toda mi vida”, pasaron 30 días y Armida no daba señales de vida, ni siquiera en la universidad la había visto ya que estudiaban carreras distintas, el golpe al corazón vino a las 5 semanas, “era viernes y yo fui a correr al parque, se fue mi hermano conmigo, cuando íbamos en la segunda vuelta me dijo, y sí cortamos por aquí, porque ya me cansé y me quiero tirar en el pasto, noté su voz apresurada y nerviosa, le pregunté que sí se sentía bien y me dijo, vente, no mires hacia atrás”.

“Qué haces cuando te prohíben algo, giré la cabeza y mi corazón se paralizó, ahí en una banca del otro extremo del parque estaba ella abrazada de un hombre más joven, se veía radiante, con el cabello corto, maquillada, conmigo nunca se pintó y yo sentí morir. Mi hermano me jaló, pero no logró detenerme. Fui y le armé un verdadero circo, en un instante ella se quedó pasmada pero luego me dijo con voz cortante que estaba harta de mi, de mis mimos, de que decidiera la vida por ella, el futuro y hasta dónde compraríamos la casa”.

“Cada una de sus palabras me hirió, me lastimó y me dieron ganas hasta de maltratarla físicamente, el que estaba con ella sólo miraba, yo le dije que cómo era posible que me dejara por alguien que ni siquiera sabía qué quería y ella me dijo, eso es lo que quiero, que nadie me diga qué hacer, esa noche y muchas más, escondí mi cara en la almohada para llorar, dejé de comer, no quise ir a la escuela, le mandé mensajes que nunca respondió donde le decía que era tanto mi amor por ella que la dejaba hacer conmigo lo que quisiera, después supe que dos días de aquella solicitud de alejamiento, había cambiado su número de teléfono”.

Los amigos de Mario no lo dejaron solo, pero con ninguno pudo llorar o abrazarlo y quedarse así un buen rato, “¿de qué me iban a tasar?, los consejos eran, pues búscate otra, mira yo tengo amigas bien jaladoras, ya sabes, te hace falta conocer más mujeres y vas a ver que ni falta te hace la tipa esa, aparte de ojete ni buena está”, nada logró sacar a Mario de su dolor, más que el jalón de orejas de sus padres, quienes le exigieron regresar al aula y concluir la carrera porque su papá se había sacrificado años para darle estudio, “y por esa mujer, no nos vas a tirar la escuela”.

Así, obligado, fue como regresó a su casi vida normal, de Armida supo que dejó la carrera y se fue a vivir con el hombre que él ya conocía, por amigos comunes que unos meses después se separó por las reiteradas golpizas que el marido le daba y que en su casa, desde que terminó con él, no quisieron saber más de ella.

De eso han pasado 5 años y Mario apenas le ha comenzado a sonreír a una nueva chica en su trabajo, “pero creo tengo un trauma, me es sumamente difícil relacionarme con alguien, creo que me va a pasar lo mismo y siento que ya no me será fácil salir, no tengo ilusiones de tomar de la mano a nadie, ya compré mi casa y la pinté solo, sin prisas, tengo un carro pequeño y de modelo atrasado pero no quiero más, para qué, no hay quien comparta conmigo”.

A lo que voy es que el dolor no tiene género, pero si, condicionamientos sociales desde la infancia, las mujeres hasta se ven “mal” sino lloran cuando el noviazgo termina o el matrimonio, nosotros debemos aguantar, seguir la vida, ser hombres porque mi género no tiene porqué sufrir, pienso que cambiar este tipo de crianza permitirá que haya un mundo con igualdad, no sólo en ciertos aspectos, sino en el más importante, el de los sentimientos, esos que son reprimidos para no ser débiles, pero que son sumamente necesarios en las relaciones cotidianas.

Poder decirles a nuestros amigos del mismo género, la estima que sentimos por ellos o darnos un fuerte abrazo sin que se nos señale de “algo más”, cada uno podemos poner nuestro granito de arena, yo estoy dispuesto, ¿y tú? Mándame tus comentarios, dudas y sugerencias a mi facebook Juan Félix Chávez Flores o a mi correo juanfechavez@gmail.com

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