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EL DECLIVE DE LA AUTORIDAD

 

Rafael G. Vargas Pasaye

 

 

Más de alguno ha de recordar que cuando éramos niños uno de los consejos infaltables en la casa era que si nos extraviábamos en la calle, nos acercáramos a un policía para que nos llevara de vuelta con nuestra familia. El uniformado era la autoridad y merecía todo nuestro respeto.

 

Hoy la realidad ha cambiado por todos los costados donde se le mire. Cada vez es más común leer notas del tipo: “MÁS POLICÍAS APALEADOS… Ahora en el @MetroCDMX Así dejó un grupo de VAGONEROS a estos tres agentes de @SSP_CDMX Los policías INTENTARON desalojarlos, pero acabaron APALEADOS por unos 20 vendedores. Luego de darles la golpiza, TODOS HUYERON en el metro rumbo a Buenavista”, o bien “GOLPIZA a POLICÍA en MERCADO Así le fue a este agente de @SSP_CDMX Comerciantes lo patearon, lo golpearon con palos, cajas… Todo lo que encontraron “Ora si puto!”, le grita uno “Ya no le peguen”, pide una mujer… Él apenas puede cubrirse Tras apalearlo TODOS ESCAPARON”, ambas crónicas con sus respectivas fotografías las pueden encontrar en la cuenta del reportero Carlos Jiménez en Twitter.

 

Estamos llegando a los límites, pareciera que la autoridad ya no infunde temor. Cabe aclarar que no se desea el totalitarismo, pero sí que la flexibilidad no sea en el cumplimiento de la legalidad, porque como lo rezan los políticos: “nadie por encima de la ley”.

 

La ley tiene que ver con autoridad y con respeto, y parece que ambos se están perdiendo, además de los ejemplos señalados hagamos memoria reciente para traer a cuento la lamentable explosión en Tlahuelilpan, Hidalgo, donde elementos del ejército conminaban a los habitantes a abandonar el lugar, pero nadie les hacía caso.

 

O en las instituciones bancarias, donde por razones de seguridad ya no está permitido el uso del teléfono celular, y pese a saberlo los usuarios siguen haciendo caso omiso de las indicaciones hasta que viene el guardia y los señala de nueva cuenta que están cometiendo una falta.

 

La ausencia de autoridad por supuesto que nace en la casa y se expande a las situaciones cotidianas y comunes: la escuela donde la autoridad del profesor se ve mancillada, la calle donde a los policías los acaban golpeando los delincuentes, los gobernantes, donde los ciudadanos expresan su malestar con rechiflas en eventos (políticos o deportivos).

 

A nadie conviene que la falta de respeto y la ausencia de autoridad siga creciendo, porque en lugar de atender el llamado cívico de la Constitución y las leyes que de ella emanan, podremos acercarnos más en la convivencia a regirnos por la Ley del Talión o la Ley de la Selva, y es que cada día parece que damos muestra de ello. Al paso que vamos la única autoridad que se va a respetar en México será la del árbitro en la cancha de futbol y la del umpire en el béisbol, ya sea profesional o llanero.

 

@rvargaspasaye

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