Opinión

CUANDO ACEPTAMOS LA VIOLENCIA

#SimplesDeducciones

Juan Chávez

Con poco más de 50 años, Carlos se esfuerza día a día para sacar adelante a quienes más quiere en esta vida, su esposa y sus dos hijas; cumplir no sólo sus necesidades sino también sus deseos se ha convertido en la motivación que lo impulsa a seguir adelante en su trabajo de ventas en una agencia de publicidad, pero al mismo tiempo en una carga que cada día lo hace sentirse más cansado y desanimado.

Y es que aunque a regañadientes, Carlos acepta que es un hombre violentado, que ya no es visto como el esposo amado o el padre cariñoso que ha sido, no, para su familia hoy solamente es la persona que tiene que hacerse cargo de resolver todo, de cumplir caprichos y pretensiones de una esposa que no trabaja ni aporta nada al hogar, de una hija universitaria que lo único que sabe hacer es exigir y de una adolescente de preparatoria que está aprendiendo de su madre y su hermana mayor “cómo funciona la vida”.

“Hay cosas que te superan, que simplemente no sabes cómo resolver o por dónde llegarle; yo amo a mi familia más que nada en este mundo pero a veces si me doy cuenta, son demasiado exigentes, me piden cosas que ellas mismas saben que por mis ingresos no les puedo comprar o hacer. He intentado hablar con Ana pero son puros pleitos, gritos, regaños y ahora Daysi está más grande y se ponen las dos contra mí, ya nada más falta mi hija la más pequeña y al final no me dejan otra opción, o les compro o hago lo que ellas dicen o no sé de qué serían capaces”.

La hija mayor de Carlos no quiso estudiar en una universidad pública, ni siquiera lo intentó, pese a que la economía familiar no es la mejor, ella y su madre obligaron a Carlos a que la metiera a una universidad privada, pagos mensuales, computadora y no de las económicas, libros y otras cosas muy costosas son las que ha tenido que solventar Carlos, pidiendo un crédito aquí y allá.

“Lo que pasa es que un tiempo yo ganaba más, estaba en otra empresa y me llegaban más bonos y si podía darles ciertos lujos, hoy la verdad si batallo pero tengo que hacerlo, tengo años con el mismo coche y por más que intento ahorrar no me alcanza; ya me dijeron que tengo que pagar un viaje de la escuela de Daysi, ya las tres hicieron su lista de regalos de navidad y tú sabes, puros gastos”.

La presión que Carlos recibe llega al punto de que en sus ratos libres e incluso en horarios de trabajo tiene que hacerla de taxista con su familia, ir a llevar y recoger a sus hijas de reuniones con sus amigas, de fiestas en media noche; a su esposa la lleva a cafés o desayunos con sus amigas, pareciera que por sí solas no se pueden mover.

“Es que siempre ha sido así, yo soy el único que sabe manejar, además sólo tenemos un coche y las tengo que mover, me sale más barato eso que estarles dando dinero extra para los taxis”.

La defensa que Carlos hace de su familia mientras platicamos y la idea que tiene sobre que no es necesario que haga algo por cambiar las cosas es sorprendente; le pido que reflexione sobre lo que le está enseñando a sus hijas, de cómo las está haciendo que sean dependientes al “hombre de la casa”. Le insisto que debería ponerle un negocio a su esposa o apoyarla a que realice alguna actividad para obtener ingresos propios, a que su hija mayor busque un empleo y poco a poco vaya siendo independiente pero Carlos asegura que no es necesario.

“Si, te repito, yo sé que si son exigentes pero es mi familia, tengo que apoyarlas y si te lo cuento es para desahogarme un poco de la presión que a veces traigo pero pues no las voy a obligar a trabajar, mi esposa jamás lo ha hecho, y no quiero salir mal con ella ni con mis hijas; no tenemos una casa o vida lujosa pero de alguna u otra forma logro satisfacer las necesidades de mi hogar”.

Le enfatizo a Carlos que debería pensar qué será de su familia el día que él falte, cómo resolverán todo y él simplemente se queda callado. Seguro estoy que hay más casos similares tanto de hombres como mujeres violentadas que se rehúsan a aceptar y afrontar la situación en la que viven, prefieren dejarse llevar y “aguantar” una dinámica que sin duda les pasará factura tarde o temprano. Mándame tus comentarios, dudas y sugerencias a mi Facebook Juan Félix Chávez Flores o a mi correo electrónico juanfechavez@gmail.com

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