Nacional

AUSTERIDAD IMPRODUCTIVA

José Enrique Rodríguez Oceguera

Una de las banderas más acendradas de la autodenominada Cuarta Transformación ha sido el de combatir lo que consideran el modelo económico neoliberal. En su visión, el neoliberalismo no es más que la colección de recetas dictadas desde el exterior para favorecer a unos sectores privilegiados en detrimento del resto de la población. Para ellos, como componente primario de esas recetas neoliberales está el tener un gobierno mínimo y el desaparecer el aparato institucional que apoye socialmente a amplios sectores. Ironía de ironías, eso es lo que estamos viviendo ahora bajo el modelo de la “economía moral” que preconizó recientemente el titular del ejecutivo (16 de julio de 2019).

Austeridad no es sinónimo de crecimiento económico. La austeridad que estamos viviendo actualmente es tan solo una transferencia de recursos, es decir, pasar de acá para allá tales o cuales pesos, pero sin un fin claro y, mucho menos, productivo. En lo que va de este sexenio, a la fecha, han ocurrido ya más de 21 mil despidos de funcionarios y empleados del gobierno federal (www.publimetro.com.mx, 1 de julio de 2019). Estos despidos han sido bajo amenaza, coerción o chantaje, al modo más gangsteril imaginable. El único argumento esbozado para tales despidos es que eran trabajadores no esenciales o privilegiados y ese dinero debe ir directo al pueblo. Esto es, no hay argumento válido.

En la página del Banco de México, todavía se puede consultar el conjunto de factores que determinan el crecimiento de una economía y, por ende, la posibilidad de generar empleo y auténtico bienestar. Nos dice el Banco de México que para que una economía vaya bien, se necesita:

• Aumentar la productividad de los factores económicos, sobre todo del capital humano e infraestructura.
• Fomentar el progreso tecnológico.
• Sostener la estabilidad económica e institucional.
• Favorecer el libre comercio.
• Fomentar la competencia entre los actores económicos.

Y, sentencia Banco de México: “Entre más y mejores bienes y servicios se generen, más trabajo y riqueza habrá para distribuir entre la población. Por lo general, cuando se habla de un aumento en el nivel de vida, éste viene acompañado de bienestar y crecimiento económico”.

En ninguna parte habla de despidos a rajatabla de la burocracia especializada, de recortar programas de salud popular o dar dinero en efectivo a mansalva.

A principios del año pasado, todavía en el sexenio anterior, el investigador del Colegio de México Raymundo M. Campos se lamentaba: ¿Cómo podemos lograr un crecimiento económico sostenido en el futuro si no invertimos en conocimiento? La realidad es que no es posible. Inversión en capital humano e infraestructura son condiciones necesarias para fomentar el crecimiento y desarrollo económico” (Nexos, 8 de enero de 2018). A su juicio, la no inversión en ciencia y tecnología era un grillete para no crecer y desarrollarnos, las cifras así lo demostraban entonces. Un año después, la situación es más alarmante aún. Discursos cargados de ideología de izquierdas han mermado lo poco que quedaba, “burocracia dorada del Conacyt” o “ciencia comprometida social y ecológicamente” son abstracciones que harían ruborizar al más progresista divulgador científico. Aunque suene a ciencia ficción, el fortalecimiento de curas mágicas y creencias en la tierra plana van de la mano con el desprecio de la autollamada Cuarta Transformación hacia la ciencia. Si la ONU solicita que la inversión mínima para desarrollarse sea del uno por ciento del PIB, en un gobierno basado en el sentimiento y la creencia, jamás se logrará, así que podemos ir descartando que sea el gobierno actual quien lo haga (www.negocios-inteligentes.mx, 2 de julio de 2019).

Solo queda, entonces, de parte de una oposición responsable y de la ciudadanía organizada el virar la agenda hacia mantener y ampliar las capacidades de los factores que realmente pueden generar crecimiento y desarrollo. De no hacerlo, la magia que tanto apoya la 4T poco podrá hacer para lograrlo. Viremos al conocimiento, no a la demagógica cultura del pobrismo.

Maestro en Políticas Públicas ITAM
@jerodriguezo

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