Opinión

VUELO TEPIC A TIJUANA

Rafael G. Vargas Pasaye

Es un avión de grandes dimensiones el que sale del Aeropuerto Internacional Amado Nervo de la capital de Nayarit con destino al Aeropuerto Internacional Abelardo L. Rodríguez de Tijuana, la ciudad fronteriza cosmopolita por excelencia. Si bien no va lleno son pocos los lugares que quedan libres; llama la atención que buena parte de quienes abordan son personas de la tercera edad.
De este grupo se notan los primerizos, los que es su vuelo inaugural, como la señora del 24B que viaja con su hija, y seguramente como ella, varias personas más viajan gracias a la inversión de los hijos o de otro familiar.
Pocos son los que recorren los 1,721 kilómetros vestidos formalmente, lo que se nota más son las botas y los pantalones de mezclilla. Ya arriba del gran artefacto no falta quien equivoca su número de asiento, al final todos tiene un objetivo en la frontera, muchos de trabajo, el avión va lleno de sueños cumplidos y por cumplir.
Seguramente como el del 25C va en busca de trabajo, de una oportunidad con un primo, donde Tijuana es sólo una escala para el siguiente punto. No sorprende que algunos hablen inglés, pronuncien mal el español, o lleven una gorra con elementos huicholes como se han puesto de moda.
Las fotos desde el avión al despegar y al aterrizar son de lo más común, pocos consumen lo que venden en el avión a la hora de los refrigerios, prefieren ahorrar a pagar $45 pesos por un snack de frutas secas o por una cerveza.
Casi tres horas después el avión aterriza con éxito en Tijuana, no hubo contratiempos ni turbulencias, sigue la búsqueda y espera de la maleta, quizá el familiar que los reciba luego de abrir las puertas finales, y allí comience la nueva historia.

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