Opinión

VOX, UN PARTIDO DE EXTREMA NECESIDAD ¿Y EN MÉXICO?

José Enrique Rodriguez Oceguera

El próximo 28 de abril habrá elecciones generales en España. Tras un gobierno que fracasó en todo sentido, como lo fue el de Pedro Sánchez, lo más sano es intentar rehacer una administración que tenga la fuerza suficiente para cumplir lo que mandate el pueblo español. Ante ello, la contienda entre los distintos partidos ha comenzado y, con ello, todo tipo de descalificaciones. Por desgracia, así son las campañas y así es la política. La Realpolitk no tiene matices.

De entre las distintas ofertas políticas, una sobresale por su novedad y su irreverencia al sistema, se trata del partido llamado VOX (voz, pasando del latín al español). Por su tipo de ideología de derechas, VOX ha sido atacado por sus rivales políticos con adjetivos y linduras de todo tipo: extremista, fascista, racista, homófobo, clasista, machista, imperialista, etc. Pareciera, entonces, que con VOX se juntan todos los males y que sus votantes se han dejado enajenar por él.

Nada más alejado de la realidad. VOX es un partido no de extremo tal o cual, sino de extrema necesidad. ¿En qué sentido esta extrema necesidad? En el sentido de devolverle a la ciudadanía el poder sobre los grupos, asociaciones y burocracias que le han secuestrado su libertad de elección. En temas tan delicados como violencia doméstica, posesión de drogas, derecho a la vida, defensa de la integridad de la Nación, etc., VOX ha sido claro y tiene posturas a contracorriente. Es más, del total de su agenda política, simpatizantes y adherentes afirman que no están siempre de acuerdo con lo que el partido propone, pero le van a votar por ser el único partido que es congruente en sus dichos y hechos. La gente que vota VOX sabe que su voto no va a cambiar de sentido de la noche a la mañana.

Actualmente, el marxismo cultural controla la forma de pensar de millones de personas en todo el mundo, incluyendo partidos y ciudadanos que se entiende son más bien liberales. El marxismo cultural impone sus muy peculiares puntos de vista y determina la agenda pública ante la pasividad de quien se supone debe defender su libertad. Con el marxismo cultural educar a los hijos propios, comer algo delicioso, escuchar tal o cual música, asistir al espectáculo que se desee, creer en un Dios u opinar libremente, simplemente es anatema para los sacerdotes de la nueva inquisición de lo políticamente correcto.

Por ejemplo, actualmente se debate en España si los ciudadanos tienen derecho a autodefenderse de alguien que entra a robar en su domicilio. La sensatez, el sentido común, la lógica nos dirían que sí, que si una persona violenta a tu familia y propiedades tienes todo el derecho de defender lo que consideras valioso. Pues no, para la progresía eso es fascismo y debes esperar la llegada de un cuerpo policial que se sabe llegará cuando sea demasiado tarde y le dará todas las protecciones al delincuente so pretexto de los derechos humanos. Al defender VOX al ciudadano común, los insultos de los partidos de derecha e izquierda no se hacen esperar, en aras de una supuesta defensa de la dignidad humana.

En México, actualmente la oposición prácticamente no existe y lo políticamente correcto es algo tan normal que nadie parece ya cuestionarse todo lo que le digan. Ni Orwell o Bradbury imaginaron algo así. Hoy, el partido gobernante propone, dispone, antepone y se opone él mismo. La oposición reacciona con una tibieza que no es digna siquiera de tomarse en serio. ¿Crisis de legitimidad? Puede ser, pero también falta de congruencia con principios y lealtad a su electorado.

VOX fue fundado en el año 2014 como una escisión del Partido Popular y, desde entonces, sus votantes han clamado por votar a una opción que sea fuerte en su ideario y doctrina. Ante esto, VOX es un partido que promueve el patriotismo, la defensa de los valores occidentales, la unidad de su país, el orgullo por sus tradiciones, la libertad por interpretar la historia como se desee y la defensa de la soberanía de las conciencias ante los embates de ideologías totalitarias y supremacistas liberales o izquierdistas.

Cuántas veces no hemos escuchado en nuestro país que la gente no quiere votar o está harta de la política. Que siente no estar representada por ningún partido. Que percibe que todos son iguales en el fondo. Según el INEGI, 60 por ciento piensan así. Para fortuna de los españoles para todos esos desencantados existe ahora una VOZ, que sube a tribuna lo que se opina por mensajería en redes sociales o pláticas de café. En el caso mexicano, aun no existe esa posibilidad.

“Vuelve a emocionarte por tu país”, reza uno de los eslóganes de VOX. Extrapolemos eso a México. Ante tanta nota negativa, ante tanta división, ante tanto cinismo, ante tanta ira y odio en las redes sociales, ¿No hace falta recuperar el norte? Nos podemos preguntar, entonces: ¿Hace cuánto no nos emocionamos con los triunfos de los mexicanos, con la belleza generada por sus creadores o con la persona de bien que nos brinda sabiduría? ¿Hace cuánto sentimos que esto no tiene rumbo gobierne quien gobierne?

Para dar respuesta a esas inquietudes los ejes de esa nueva opción política serían: promover el libre mercado, defender los valores tradicionales, respetar al estado de derecho, mostrar firmeza ante la delincuencia, divulgar la cultura universal y la propia, asumir obligaciones a la par que defender los derechos, acentuar el sentido de responsabilidad como mexicanos, exaltar el patriotismo, brindar una educación humanista y de calidad, asegurar la libertad de pensamiento (sin sometimiento a la corrección política), actuar con civismo, apoyar la generación y difusión del conocimiento científico, dar a conocer en el exterior de los logros de los mexicanos, premiar el mérito y no la condición individual y generar ciudadanos de alta intensidad.

Una opción política así, tan necesaria ahora en México significaría devolver la dignidad al hombre político, aquel que Aristóteles consideraba como el más importante por encargarse de algo sagrado: el bien común. En México ansiamos suba pronto a la tribuna esa VOZ tan necesaria ante el discurso único.

Maestro en Políticas Públicas -ITAM

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