Opinión

SOBREVIVÍ

Jorge Enrique González Castillo

Yo pude haber muerto a los diez años. Porque para ese momento era ya un anciano de cien. Se ha probado que el tiempo de felicidad multiplica por diez nuestra existencia. Y yo fui inmensamente feliz. De eso se encargaron mis madres, que tres madres tuve.

Más tarde comprobé que este factor es insuficiente para explicar el resultado de la multiplicación del tiempo que ocurre con el amor.

En lo personal, la sola contemplación de cierta mujer, la degustación de su aroma, la música de su voz, el hechizo de los ojos de otra, el roce de la piel de zutana, las manos de perengana, algún beso o el zarzal irrepetible de aquella chica pudieron fulminarme porque esos minutos valieron por millones y trillones.

Así que no tengo manera de explicar por qué sigo vivo. Tal vez viva sólo para dar testimonio de que es posible sobrevivir al amor.

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