Opinión

SOBRE LIDIAR CON LA INCERTIDUMBRE

Luis Felipe Gómez Lomelí

 

A continuación unas notas al vuelo sobre cómo interactuamos con la incertidumbre. Sírvase en cuestionar, agregar, contradecir lo que le parezca conveniente. 

 

Creo que podemos estar de acuerdo en que una buena parte de las actividades humanas han buscado ya sea minimizar la incertidumbre o ya sea ofrecer consuelo ante la incertidumbre: desde los cientos de pruebas de laboratorio para saber cuánto resiste la estructura de una represa hasta la mamá que dice “no te preocupes, todo va a estar bien”. Si es así, entonces,

 

El estrés en un individuo causado por la incertidumbre ha de depender de a) el grado de control que tiene o supone tener el individuo sobre los elementos externos que normalmente le afectan más 2) el grado de consuelo que tiene al respecto de aquello que escapa de su control menos 3) las experiencias previas sobre el impacto que tienen aquellos factores que escapan de su control.

 

Tanto el grado de control como el grado de consuelo son constructos sociales que varían dependiendo de qué considera cada sociedad como control y consuelo. Por lo tanto,

 

En una sociedad capitalista y urbana el grado de control está relacionado proporcionalmente con el nivel socioeconómico pues es el dinero y la capacidad de mando asociada a éste, la detención del poder, lo que permite a un individuo controlar en mayor medida los actores ajenos a sí mismo: desde la movilización de personas hasta la regulación del microclima de su vivienda, pasando por la ilusión de tener (casi) todo lo que quiere en el momento justo en que lo quiere.

 

Para este mismo grupo, el consuelo reside tanto en lo que llamamos ciencia como en lo que llamamos religión (o espiritualidad):

 

1. Ante los problemas –aquello que genera incertidumbre– que se conciben como terrenales, la solución (el consuelo, porque estamos hablando de algo del futuro que puede o no suceder) suele ser movilizar más personas y dinero a la ciencia para que ésta los solucione. La frase típica: ¡Ash, por qué no han inventado algo para X!
2. Ante los problemas que se conciben como ultraterrenales, el consuelo reside en la religión. La cantidad de asuntos que se conciben como terrenales o ultraterrenales, obviamente, no es la misma en cada sociedad, pero todas tienen asuntos de un lado y del otro.

 

Entre el control y el consuelo estaría lo que podríamos llamar como “lo individual”. Es decir, aquello que tiene que ver con las prácticas del cuidado de sí de la mente y el cuerpo del individuo.

 

1. Aquí, en este mismo grupo urbano y capitalista, el cuidado de sí concerniente al cuerpo depende tanto de la alimentación, como del ejercicio y demás: comprar orgánico o hacer ejercicio es una forma de tratar de tener control a la vez de ofrecerse a sí mismo un consuelo en un intento de postergación del ciclo de vida. Es, por supuesto, también un privilegio que depende fuertemente del estatus socioeconómico.
2. Para el cuidado de sí concerniente a la mente este grupo depende de la ciencia: medicina, sicología y siquiatría. Aquí no me refiero, obviamente, a alguien con el síndrome de Tourette sino a alguien que consume vitaminas y/o suplementos proteicos y demás y va al sicólogo o al siquiatra porque cortó con su novia de dos meses o le estresa la universidad o su trabajo. Aquí lo relevante, desde el punto de vista del manejo de la incertidumbre, es que a diferencia de otras prácticas científicas este grupo de gente ya está hecha a la idea de que no obtendrá una solución inmediata y total      (como cuando se te poncha una llana y la cambias o cuando te da amebiasis y te tomas nitroimidazol) sino que, como con el ejercicio y la dieta, se convierte en una práctica que ofrece a la vez control y consuelo.

 

Todos estos patrones de control y consuelo cambian dentro de las sociedades urbanas y capitalistas y podríamos considerar, entonces, una aproximación desde la teoría del afecto:

 

1. Cambian respecto a la raza en el sentido de la construcción social de la misma y a si el individuo en cuestión pertenece o no a aquella raza que se ha vendido a sí misma la idea de ser la poseedora máxima del control: no hay la misma sensación de control en un blanco urbano rico de Connecticut que en un negro urbano rico de Connecticut.
2. Cambian respecto al lugar en el mundo en el que habitan: no es la misma sensación de control en un rico urbano de Connecticut o Luxemburgo que en uno de Ciudad de México o Luanda. De entrada, su dependencia en la ciencia como solucionadora de problemas se encuentra desplazada: mientras que para el rico de Connecticut o Luxemburgo se encuentra allí, a su alrededor, a la mano, para el rico de Ciudad de México o Luanda se encuentra lejos (en EEUU o en Europa). Y este desplazamiento genera un anhelo, una frustración.
3. Cambian, por supuesto, respecto al género. Pues si bien la construcción social del ejercicio del poder es racista y clasista y se educa a las mujeres blancas de clase alta, por ejemplo, a que ellas son más poderosas que el resto de la humanidad (como se muestra, por ejemplo, en Gone with the Wind o en Out of Africa o en cualquier otra novela racista y clasista escrita por una mujer blanca y rica), su poder está subalternizado al de los machos de su propio círculo social.
4. Cambian, por supuesto, respecto a la edad y hay una subalternización de la tercera edad y, claro, de los niños. Sin embargo aquí la ecuación es más compleja, pues mientras alguien joven siente poder y control en relación a la salud y fuerza de su cuerpo, un viejo puede detentar el poder en la forma de sabiduría, experiencia, dinero y control del grupo. Y esto cambia en relación de todas las variables ya mencionadas: un multimillonario blanco y viejo de Connecticut sentirá que tiene más control que una joven somalí.

 

Pero, en general, creo que se puede hablar de dos pautas:

 

 Menor grado de sentimiento de control (y, por tanto, mayor dependencia en el consuelo) a mayor grado de subalternización.
 Menor grado de sentimiento de control (y, por tanto, mayor grado de frustración, lo que genera un círculo vicioso) a mayor grado de anhelo de pertenencia a un grupo al que no se puede pertenecer.

 

La sensación de control tiene que ver con el corpus (o conjunto de conocimientos). Y en las sociedades urbanas y capitalistas éste reside en la ciencia. Por lo tanto, cuando el corpus no tiene los elementos deseados para lidiar con un problema específico –el Covid-19, hoy día, cualquier otra enfermedad incurable o el cambio climático—sobreviene la incertidumbre. Entre otras cosas, porque el corpus en estas sociedades carece de alternativas: se nos ha enseñado que eso es el único corpus.

 

La sensación de consuelo reside en el kosmos (o conjunto de enunciados de verdad metafísicos). Esto incluye tanto la religión o la espiritualidad como los presupuestos éticos y estéticos:

 

1. Éticos: el grado de confianza ante los expertos (aquellos en quienes reside el corpus), en que actúan de acuerdo amis propios principios morales y no de acuerdo a obscuros intereses (desde “el doc miente como mienten todos los chilangos” hasta “el complejo farmacéutico-industrial-militar sólo busca el control de nuestros cuerpos”).
2. Y estéticos: los conceptos de orden, limpieza, lógica y pulcritud son estéticos. Un sitio que parece ordenado no necesariamente es más eficiente y eficaz en cumplir con una función dada: un monocultivo de pino no genera los mismos servicios ambientales que una selva; un hospital ordenado y limpio puede ser perfectamente atroz.

 

Las experiencias previas son también importantísimas para entender cómo puede lidiar un individuo o una sociedad con la incertidumbre. Y estas dependen de, por lo menos:

 

1. El entorno natural: una persona acostumbrada a la imprevisibilidad eco-geo-meteorológica reaccionará con menos estrés ante un imprevisto de esta índole que una persona que ha vivido en un entorno natural estable y/o predecible: ningún tapatío se espanta con una lluvia de verano que inunde todas las calles, mientras que todos los fuereños juran que es el fin del mundo (o, los confiados, en la ciencia, en Dios, en sí mismos, en lo que sea, terminan ahogados en un paso a desnivel).
2. La dependencia en dicho entorno natural: aquellas personas cuya rutina depende más de las variaciones del entorno natural estarán más acostumbradas a lidiar con éste con menos estrés, a variar sus rutinas (los tapatíos simplemente no salen a la calle cuando empieza a llover en verano) mientras que las personas cuya rutina no varía o, mejor dicho, asumen que no debe de variar con los cambios del entorno natural, suelen generar mayor estrés al no saber qué hacer cuando se ven forzados a modificar su rutina: el habitante urbano acostumbrado a climas apacibles que cree que debe continuar con su rutina normal a pesar de que iniciando una tormenta o que se le pide mantener una cuarentena.
3. El entorno social: si una sociedad tiene experiencia previa ante un evento inusitado, suele reaccionar con menor estrés ante dicho evento (un terremoto en Tokio o Ciudad de México, un huracán en La Habana) que una sociedad sin experiencia previa (los nuevos terremotos causados por el fracking en lugares donde nunca había habido, un huracán en Nueva York).

 

En cualquiera de estos últimos casos, la experiencia previa, si bien no otorga propiamente una sensación de control, sí ofrece consuelo al establecer un rango de probabilidad sobre los posibles efectos reales que tiene un evento inesperado (no, no todos nos vamos a morir, es nomás un huracán de categoría 1, sólo vamos a tener que trapear la casa) y, más importante aún, sobre cómo sigue la vida después de ese evento inesperado. De ahí que, en ocasiones, ante los eventos inesperados las sociedades acostumbradas a estos suelan tener medidas menos paranoicas o relativamente más laxas pues “saben que la vida sigue” de una forma similar -precaria y pauperizada- a como existía.

 

Así, en la escala social, el grado de control y consuelo varían de acuerdo al kosmos (o conjunto de enunciados de verdad metafísicos, que incluyen la ética y la estética… y estos dos últimos faltaría desarrollarlos: ¿por qué nos sentimos más seguros en una sociedad donde todos actúan de acuerdo a mis propios principios éticos?, ¿por qué nos sentimos más seguros en un entorno que es estéticamente placentero?), varían de acuerdo al corpus (o el conjunto de conocimientos de una sociedad dada, el grado de valía que se les otorga y el performance social de los mismos: hay menos incertidumbre ante aquello que está incluido en el corpus que ante aquello que no, por ejemplo, un habitante de Colima reaccionará más tranquilamente ante los primeros síntomas de dengue que uno de Ciudad de México o Luxemburgo) y también varían de acuerdo a la praxis (que incluye tanto la tecnología como las instituciones y las experiencias previas: una sociedad que confía en sus instituciones tiene menos incertidumbre que una que no y una sociedad que tiene experiencias previas ante un evento incontrolable –un huracán—tiene menos incertidumbre que una que no ante el mismo evento).

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