Opinión

¿QUIÉN MATÓ AL MIGRANTE?

Iveth Serna

Fue el Estado. El cobarde asesinato de Marcos, un migrante de origen hondureño, a manos de elementos de la Fiscalía del estado de Coahuila, no es más que un episodio entre los cientos que a diario ocurren, no solo en estado fronterizo, sino en todo el país, pero que, a diferencia de los demás, tuvo la buena fortuna de atraer la atención de los medios nacionales.

¿Qué ocurrió? ¿Por qué las declaraciones de la Fiscalía son contradictorias? ¿Por qué el mismo gobierno federal se vio en la necesidad de deslindarse? Cuando todo lo que se dice parece una mentira, hay que buscar la verdad en aquello que se oculta.

De acuerdo con fuentes al interior de la misma fiscalía, los responsables del asesinato pertenecen al Grupo de Operaciones Especiales del Estado (GOEE), un grupo de reacción que solo obedece órdenes del subdirector de la policía estatal, quienes son el brazo armado de la fiscalía y tienen la tarea de hacer el “trabajo sucio”.

Su área de operación habitual es el norte del estado, más cercano a la frontera, donde actos como el asesinato de Marcos ocurren a diario, al amparo de la fiscalía, quien se encarga de ocultar “las operaciones especiales”.

La primera reacción de la fiscalía fue “sembrar” un arma al migrante para justificar la reacción, sin embargo, este argumento se les cayó luego de las versiones de los testigos quienes aseguran que Marcos no traía un arma con él y, por tanto, nunca disparó, lo que fácilmente se comprobará en la prueba de rodizonato.

La segunda versión que asegura que los elementos del GOEE estaban en medio de un operativo también es mentira, en un operativo participan más de un grupo policíaco, en varias unidades perfectamente identificadas. En este caso, solo iba una unidad de la fiscalía con seis policías armados, de las cuales solo dos fueron los que detonaron sus armas. Así que operativo tampoco era.

La única verdad que ha dicho la fiscalía es que los migrantes corrieron ¡por supuesto! Todos corren, sería un sinsentido no hacerlo en esa situación.

Para este grupo son reclutados policías jóvenes, recién salidos de la academia, sin ningún tipo de formación en protocolos de actuación policial, uso proporcional y gradual de la fuerza, pero a ellos les dan el curso por visto para justificar su actuación y ahí están las consecuencias.

Lo que no midieron estos elementos, por su misma falta de instrucción, es que no es lo mismo actuar en la frontera, en las sombras y al cobijo de la fiscalía, que hacerlo en plena capital del estado, en la luz y con una fiscalía vulnerable.

Así que en los elementos de investigación nos están faltando varias piezas ¿quién autoriza la creación discrecional de grupos “especiales”? ¿quién los coordina? Y ¿cuál es su verdadera tarea?

Después de todo esto quizá podamos tener una idea de quién es el verdadero culpable.

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