Nacional

PRIMERO LA ESTRATEGIA, EL CAMBIO, DESPUÉS

Dalia Serna

La comunicación es una herramienta esencial y determinante del éxito o fracaso de todo proceso de cambio, sobre todo en aquellos de gran importancia como el que estamos viviendo en México, sin embargo, casi siempre la comunicación gubernamental se usa mal y sin criterio.

En la medida en la que se usa mal causa confusión y enojo, además que alimenta el escepticismo y aumenta la resistencia al cambio. Y justo esto es lo que esta pasando con el tema del combate al huachicol.

Si bien es importante decir que estamos de acuerdo con el presidente López Obrador en que detener el robo de combustible y la recuperación de PEMEX es necesario y urgente, también hay que ser sinceros y reconocer que la forma en la que se ha llevado a cabo este proceso, sobre todo a nivel de comunicación, ha tenido varios y graves errores.

Todo proceso de cambio debe estar sustentado en análisis responsables en los que se consideren todas las variables del tema y permitan establecer estrategias concretas y eficaces para el logro de los objetivos.

En el caso del huachicol, no basta un diagnóstico económico sobre las millonarias pérdidas por el robo de combustibles, es un tema mucho más sensible y que está enraizado en los temas más urgentes de México: la pobreza, la corrupción, la marginación, la inseguridad, la impunidad y el inexistente estado de Derecho que impera en muchas comunidades donde el gobierno está en manos de poderes fácticos, como el crimen organizado o grupos de familias y empresarios que se han adueñado de las estructuras de poder.

Se nota que no hay análisis ni estrategia cuando se van tomando decisiones reactivas y no proactivas, no es que no se pueda corregir el rumbo sobre la marcha, el problema es cuando no se tiene uno.

Antes de tomar la decisión de cerrar los ductos del Bajío tuvieron que hacer un diagnóstico sobre las repercusiones y diseñar una estratégica para mitigar las consecuencias de la decisión. Y, sobre todo, debieron construir una estrategia de comunicación sólida que diera certeza, seguridad y tranquilidad a los mexicanos, que al mismo tiempo promoviera la motivación al cambio y conseguir con ello, el apoyo ciudadano.

Las consecuencias de la fallida comunicación del gobierno federal se reflejan en compras de pánico, preocupación de diversos sectores sobre la capacidad estratégica del nuevo gabinete, manifestaciones en redes sociales, fake news, tanto en apoyo como en contra del nuevo gobierno, desinformación, confusión y protestas como la convocada para este 13 de enero, que, si bien presentan dificultades a corto plazo, no son las más graves.

El gobierno de López Obrador debe saber que, de no corregir su estrategia, por lo menos en lo comunicativo, las consecuencias más graves pueden derivar en el aumento de errores, disminución de la motivación entre la población para apoyar los cambios y, sobre todo, en la pérdida de lealtad de las personas que votaron por esta administración.

Por otro lado, ni la mejor estrategia de comunicación se puede sostener sin bases operativas reales y este análisis nos demuestra que no hay una estratégica sólida, ni operativa, ni comunicativa, para iniciar el proceso de combate al robo de combustible.

Este tema, en su conjunto, debe enseñar al nuevo gobierno que las estrategias son primero, el cambio, después.

@ DaliaSernaR

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