Opinión

PRESIDENTE IMPRESENTABLE

Dr. Carlos Díaz Abrego

Una persona impresentable según el Diccionario Real de la Academia Española, es aquella “que no puede ser presentada en público por su aspecto”; “de escasa calidad moral o intelectual”. En este caso se aplica a personas y se utiliza también como sustantivo. Por otra parte, la Enciclopedia Universal lo define como: “que no es digno de ser presentado por no tener la apariencia debida”.

El Diccionario Manual de la Lengua Española Vox define a este adjetivo como: “que no es apto para ser mostrado públicamente”; “se aplica a la persona que no tiene educación y no sabe comportarse en público”; “se aplica a la persona que no cumple con su obligación o con lo que ha prometido”. Esto define de cuerpo entero al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

Llevamos 16 meses ininterrumpidos de escuchar públicamente al presidente de nuestro país insultando a quienes no votaron por él, a quienes no piensan como él, a quienes formaron parte de gobiernos anteriores al de él. Su aspecto violento y pendenciero deja mucho que desear de un mandatario que debe ser el ejemplo de unidad ante su pueblo.

Su calidad moral es nula al mentir, manipular y engañar al “pueblo sabio” como él mismo ha calificado aquellos incondicionales que ahora ya no lo son. Desde el primer mes de gobierno engañó a millones de mexicanos con el cuento de la lucha sin cuartel contra los huachicoleros , dejando a cientos de municipios en un estado de guerra y zozobra fracturando la economía formal y generando pánico en millones de familias mexicanas.

Como nunca antes en la historia moderna de los últimos gobiernos de la república, desde Miguel Alemán hasta Enrique Peña Nieto, en el inter con dos alternancias del PAN y aún con todos los excesos, corrupción y pésimos gobiernos que pudieron haber sido todos, nunca jamás las familias mexicanas se quedaron desprotegidas de un derecho constitucional y universal, como la salud.

El desabasto de medicamentos de la mano de improvisados funcionarios públicos y pésimas decisiones de políticas públicas engañando y mintiendo una y otra vez a cientos de miles de enfermos y sus familias que necesitaban tratamientos y medicinas para lograr curarse y salvar sus vidas, López Obrador manipulaba a la población diciendo que había abasto de medicamentos cuando no era así.

Mientras el mundo del coronavirus y el México de la salud vivimos todos momentos cruciales de enorme incertidumbre y angustia por no ser contagiados y no perder nuestros trabajos viendo la frágil economía romperse lentamente ante la indiferencia e indolencia de nuestro presidente que no apoya ni genera estímulos fiscales ni de ningún tipo a la iniciativa privada, declara sin rubor que “la crisis nos vino como anillo al dedo para afianzar el propósito de nuestra transformación”.

El comportamiento público de AMLO deja mucho que decir. No solo con el rosario de improperios, insultos y descalificaciones para todos los mexicanos incluidos sus propios colaboradores que ridiculiza sin piedad como es el caso de la Guardia Nacional, el Ejercito y la Marina Armada de México que deja a merced del crimen organizado para que combatan la delincuencia con abrazos y no balazos, en demerito de la sociedad que a diario ve cómo se deteriora la seguridad del país como nunca antes.

Públicamente rechaza a las víctimas y a sus organizaciones mientras convive sínicamente con aquellos que ultrajan y matan a niños, mujeres, hombres y rompen familias enteras; presentando sus respetos a la madre del narcotraficante más poderoso de la historia de México y abuela del narco junior detenido por su propio gobierno y dejado en libertad inmediata por órdenes suyas delante del mundo que presencio en directo como fué la detención y liberación.

López Obrador declaró en varias ocasiones como líder opositor que teníamos narco gobiernos y hoy deja claro con sus acciones que su gobierno consolida la cohabitación política con el narco. Con todas estas acciones ha logrado ser hoy en día un presidente reprobado ante la opinión pública que no cree ni confía en su capacidad profesional ni mucho menos intelectual. La gente tiene miedo, incertidumbre y coraje. No hay sentimientos de esperanza, ni mucho menos de alegría por el cambio. Todo lo contrario.

Es un impresentable. ¿No cree usted?

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