Opinión

PANDEMIA Y TRABAJO INFANTIL

Blanca Emilia Reyes

​México es un país de inequidades y la pandemia que enfrenta el mundo actualmente evidenció las desigualdades sociales en aspectos prioritarios como los derechos humanos. La Declaración de los derechos de los niños dice claramente que, en ningún caso, debe permitirse que se dediquen a alguna ocupación o empleo, la prioridad es que reciban educación en condiciones de igualdad de oportunidades. En la realidad, cientos de niños son enviados a trabajar para contribuir a la economía del hogar.
​En nuestro país existe un grupo que enfrenta condiciones de marginación por diversos factores: viven en situación de pobreza extrema, migran de sus comunidades en búsqueda de trabajo remunerado, además, son indígenas, los jornaleros agrícolas migrantes. Familias completas año tras año salen de sus comunidades de origen siendo su destino los campos agrícolas distribuidos en el territorio nacional; estas familias requieren el trabajo de los niños para completar el ingreso familiar, incluso algunos empleadores condicionan la contratación de los adultos al trabajo de los hijos e hijas. Si bien el problema del trabajo infantil se remonta a tiempos remotos, las condiciones actuales derivadas de la pandemia lo han maximizado.
​Una de las estrategias del Gobierno para combatir el trabajo infantil en este grupo específico es la operación de los denominados “Centros de Educación Migrante”, espacios acondicionados para que los hijos de jornaleros migrantes reciban el servicio educativo en las comunidades de trabajo en las que temporalmente se asientan. Con la suspensión del servicio educativo presencial en todas las escuelas del país, los Centros Migrantes también dejaron de funcionar, por lo que los niños salen a trabajar con sus padres, no solo dejaron de recibir educación, sino que son explotados laboralmente; si bien los maestros siguen en contacto y les asignan tareas académicas durante las tardes, el hecho de no contar con un lugar donde permanecer mientras sus padres trabajan los ha expuesto aún más a este tipo de abuso.
​Por otro lado, los niños que viven en comunidades y cuyas familias se dedican a la agricultura también han visto vulnerados sus derechos, salen a trabajar durante largas jornadas, y al regresar, es cuando dedican tiempo a las tareas escolares. Los maestros que atienden a estos grupos manifiestan que incluso se han visto en la necesidad de salir a buscarlos a las milpas para dar seguimiento a su educación.
​La pandemia vino a incrementar las brechas entre los grupos sociales y difícilmente se podrá, en el corto plazo, reducirlas para erradicar con ello el trabajo infantil.

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