Opinión

OCURRENCIAS

Luis Guillermo Hernández Aranda

La clase política en México tiene como principal característica gobernar con ocurrencias. Sin importar los colores de los partidos, la mayoría de las personas que llegan al poder lo hacen sin un plan estratégico, por el contrario lo único que importa son los eventos, aumentar la popularidad y en la mayoría de los casos beneficiarse del erario público.

Los ejemplos sobran. Podemos citar la ocurrencia de López Portillo de nacionalizar la banca, pasando por el “comes y te vas” de Vicente Fox a Fidel Castro sin dejar de lado la ocurrencia de Felipe Calderón de declarar la guerra contra el narco cuando los municipios y estados no tenían las herramientas para combatir al crimen organizado.

Sin duda es a nivel municipal donde se presenta el mayor número de ocurrencias, lo cual resulta grave porque el Ayuntamiento es el orden de gobierno más cercano a los ciudadanos y por ende el que debería de resolver la mayoría de los problemas cotidianos pero no es así, porque olvidan las políticas públicas en beneficio de la sociedad para privilegiar el interés partidista pero sobre todo el personal. Y no me refiero forzosamente a cuestiones de dinero, sino de mantener niveles altos de popularidad o incluso creer su gusto es el de toda la población.

La clásica ocurrencia de los alcaldes es pintar la ciudad que van a gobernar con los colores de los partidos que emanan. Así la cordonería, las letras de bienvenida de la ciudad entre otros elementos un periodo son rojos, otros azules y algunos amarillos dependiendo del partido que gobierne.

Sin embargo eso que ya es visto, malamente, como algo “normal” llega a los extremos cuando el suelo de una plaza pública es pintado de un color partidista en pleno proceso electoral. Esa fue la última ocurrencia de la administración de Jorge Zermeño.

El miércoles por la mañana un grupo de trabajadores que se identificó de parte de Mantenimiento Urbano, comenzó a pintar la Plaza Mayor sin respetar el reglamento de este espacio público ni del Centro Histórico.

“Nosotros sólo recibimos instrucciones y que la orden es pintar varias franjas en color azul, anaranjado, amarillo y verde de 100 metros de largo y ancho de cuatro metros, incluyendo las fuentes”, dijeron a la prensa.

Según el director de Servicios Administrativos, Antonio Loera, “fueron órdenes del alcalde”. De acuerdo a un sondeo realizado por Multimedios Laguna, las líneas curvas que cruzan desde la calle Galeana hasta Ramón Corona no fueron bien vista por los ciudadanos incluso la ciudadana Nelly Gutiérrez fue más allá al decir que ya “parecería una presidencia de rancho”.

El regidor priista, Enrique Sarmiento, dijo: “Vamos a reportar ante el IEC, además que en plena campaña electoral en Torreón se autorice que por coincidencia se coloque pintura con los colores de la campaña del candidato Ricardo Anaya”.

En cuatro meses las “ocurrencias” han sido la principal característica de la actual administración. Un día la “ocurrencia” es dar una indemnización millonaria en Simas, otro día es la de regañar a los reporteros, después enfrentarse con la comunidad LGBTTI, más grave aún no dar mantenimiento al Complejo La Jabonera y a la Línea Verde con un accidente grave de un niño que cometió el “error” de jugar de portero sin saber que había clavos y requerir 23 puntadas. Hasta después del accidente se prohibió el acceso a esa cancha de futbol.

En cuatro meses de gobierno no se ha anunciado un plan para atraer inversiones, pero si la ocurrencia de anunciar una ciclo vía en la Colón que no se justifica porque no hay un plan integral y que tampoco ha sido explicado a las diferentes cámaras empresariales.

Tenemos la ocurrencia de grabar y maltratar a una mujer que padece de sus facultades mentales y llevarla a una prisión preventiva en vez de un centro de atención especializado. Ahí está la ocurrencia de justificar los excesos de Pedro Luis Bernal, su director de Tránsito, pero sobre todo la de no aceptar la crítica y justificar todo argumentando que son problemas de administraciones pasadas.

Es cierto mucho de estos problemas no son cometidos por el alcalde, pero si por el equipo que eligió y no hay humildad para reconocer errores y es mejor echar la culpa a los intereses electorales porque el argumento de la “mafia del poder” no es exclusiva de López Obrador, también Jorge Zermeño recurre a esa teoría para justificar las fallas.

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