Opinión

MÉXICO Y LOS DEL NARCO

Iveth Serna

A Yelapa solo se llega en lancha, en un recorrido de 40 minutos desde el puerto jalisciense o a 30 minutos de Boca de Tomatlán y es, sin duda, un paraíso natural en el que el tiempo no corre y la vida nada tiene que ver que con la vida de violencia que se vive a pocos kilómetros de ahí. Un paraíso, también para el narcotráfico.

El “gordo” recorre la playa de Yelapa y su moto-taxi por lo menos 10 veces al día, lo curioso es que en ninguna de estas vueltas lo verás trasladando a algún extranjero o llevando víveres que vienen de Puerto Vallarta. Un día basta para darte cuenta de que, en ausencia de policías o de alguna autoridad de gobierno, él manda.

Dos cosas circulan libremente en Yelapa a la vista de locales y extranjeros: dólares y drogas. La mariguana se ha convertido en el olor característico del pueblo, se mezcla con el olor de la sal, de la impunidad y de la sangre que se derrama para que pueda llegar a manos de los gringos y canadienses que han hecho del lugar un paraíso de descanso.

En Yelapa la discusión sobre la legalización de la mariguana es un asunto rebasado y que además no importa. El comercio y el dinero ilícito se realiza con el conocimiento y protección del aparato gubernamental, es tan evidente lo que sucede que parece una burla que la autoridad no esté al tanto.

Ya que nada es gratis en esta vida ¿Cuál es el precio que se tiene que pagar para que los paraísos del narcotráfico mexicano existan? La respuesta parece obvia; miles de muertes, calles llenas de violencia, extorsiones, miedo. Pero la respuesta es más grave y complicada que los titulares de la prensa, estamos hablando de un claro debilitamiento del Estado de Derecho y de un aparato gubernamental desvinculado del ciudadano y actores políticos que permiten la violación flagrante de la seguridad jurídica, los derechos humanos, la transparencia y la democracia.

Estos paraísos, como Yelapa, y que se extienden por toda la Riviera Nayarit, por las playas “vírgenes” de Colima, Michoacán, Oaxaca y la Península de Yucatán y que invaden la publicidad para Millennials, llevan implícitos costos muy altos y, aunque pareciera lo contrario, su existencia obstaculiza el crecimiento económico de México al permitir y promover el flujo irregular de dinero ilícito y clandestino. Además de que impiden la presencia territorial de fuerzas de autoridad, generando más carencia y rezago en poblaciones de por sí vulnerables.

La presencia y fortalecimiento de liderazgos territoriales extralegales impacta gravemente en el desarrollo humano de sus habitantes, cuyos derechos humanos están a merced de poderes fácticos, pero también de gobiernos omisos e incapaces.

A mi, que nací en uno de estos paraísos, desde chica me enseñaron que esas cosas son solo para turistas, que nada tenían que ver conmigo o con los que me rodeaban. Que todo estaba bien mientras los turistas se llenaban de las “mexican curious”. Lo que nadie me dijo es que el precio lo pagamos los que nos quedamos.

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