Opinión

MACROECONOMÍA FICCIÓNl

José Enrique Rodríguez Oceguera

El dato no podía ser más elocuente, la economía mexicana había crecido 0.1% con respecto al segundo trimestre del año anterior. Esta información se celebró en los círculos oficialistas, estabamos salvados de una recesión. Sin embargo, al desagregar los datos, tenemos que fue el sector terciario el que salvó el día, al crecer 0.2%. El sector industrial o secundario había quedado tablas y el sector primario tuvo una contracción del 3.4% (El Financiero, 31 de julio de 2019). Números más, números menos, de inmediato la Secretaría de Hacienda enmendó la plana y dio a entender que todo este galimatías se va a aclarar cuando veamos crecimiento de verdad en los próximos meses. Para ello, Hacienda inyectará 485 mil millones de pesos a la economía provenientes del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios (El Economista 31 de julio de 2019).

Tengamos ahora la traducción de todo esto. La economía de origen no puede crecer a las tasas prometidas (4% anual) si no se dan garantías a la inversión (I); no se apoyan obras de infraestructura bien planeadas (G); se fortalece el comercio exterior (XN) y se bajan las persecuciones fiscales para alentar el consumo (C). La suma de los componentes de un adecuado gasto productivo de gobierno, una promoción del consumo, el tener buena relación con los empresarios y el posicionar a México en el exterior es lo que da lugar a la Demanda Agregada o síntesis de la actividad económica. A la par, como atmósfera, un adecuado ambiente de negocios donde se protejan los derechos de propiedad y se hagan cumplir los contratos. ¿Es este el rumbo que tenemos? No se ve por ninguna parte. Lo que ha evitado una crisis es la inercia de la estabilidad macroeconómica, único tema que el actual gobierno ha dejado en manos de los expertos.

En reciente entrevista, el titular de la Secretaría de Hacienda, Arturo Herrera, mantiene esta ortodoxia y comenta: “El principal reto es tener un presupuesto que atienda las grandes desigualdades del país, pero que sea fiscalmente responsable. Conseguir los objetivos en materia de finanzas públicas, sin sobre endeudar al país; hacer un manejo sofisticado de los pasivos, y tener relaciones constructivas con las calificadoras y con organismos financieros internacionales” (Luis Manuel González, El Economista, 5 de agosto de 2019). A la par que sugiere que el gobierno actúe de manera contra cíclica para promover el crecimiento económico con mayor participación del gobierno federal, se dio un paso en el sentido correcto al intentar limar asperezas con los altos empresarios de México. Viendo el conjunto, se busca generar confianza, juntar las inversiones públicas y privadas y eliminar los subejercicios en el gasto público. Hasta ahí, todo suena bien.

El problema es que este previsible crecimiento a corto plazo será artificial. Será una especie de tregua ante un fracaso de política económica erróneo de origen. El discurso no ha cambiado. El pueblo bueno sufre explotación de los poderosos. Hay que quitar los privilegios. Primero los pobres. Y todas estas vanas palabras, en nada ayudan a la economía. Ejemplos: el índice de confianza del consumidor acaba de caer por quinto mes consecutivo, -0.6% en julio con respecto a junio (INEGI, 5 de agosto de 2019); El indicador de Confianza Empresarial de las Manufacturas -1.2 puntos de julio con respecto a junio; El Índice de Confianza de Comercio -0.9% y el Índice de Confianza de la Construcción -3.2% observan el mismo patrón en los plazos similares de julio a junio del presente año (INEGI, 1 de agosto de 2019). ¿Se observa confianza en la economía? Los datos son contundentes. La solución que se le ocurrió a la Federación fue dar la imagen de hacer las paces con los empresarios. Esto es solo una foto. La nueva Ley de Extinción de Dominio, por ejemplo, es una invitación a las arbitrariedades propias de los gobiernos populistas; la desaparición del Foro Consultivo Científico del CONACYT da pie a que la inversión en ciencia se vaya a los saberes ancestrales y no a conocimiento que genere tecnología y esta, a su vez, brinde valor agregado a los productos mexicanos (A.M, 4 de agosto de 2019); El mismo CONACYT ha bloqueado las estancias posdoctorales, con lo que México se quedará sin investigación de punta (El CEO, 5 de agosto de 2019) y el dinero que se va a usar para hacer crecer la economía es, su nombre lo dice, fondo de estabilización, no es un recurso extra para invertir. En fin, por unos días disfrutemos el velo del optimismo tras la reunión de la paz con los grandes empresarios.

Maestro en Políticas Públicas, ITAM.

@jerodriguezo

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