Opinión

LA NAVIDAD QUE NO BORRA EL CORAJE

Juan Chávez

Marcelo y Andrés son gemelos, igualitos físicamente pero desconocidos interiormente, al primero lo crió su mamá y al segundo los abuelos paternos. Originarios de Sonora, a doña Marcela no le quedó de otra más que huir del hogar donde su esposo, padre de los pequeños de 3 meses de edad -hace 27 años-, la golpeaba casi diario, estuviera él borracho o no, cualquier pretexto era un motivo para descargar en ella su coraje.

Un día por la mañana, después de una noche de maltratos físicos Marcela tenía preparada una pequeña maleta para salir con sus dos hijos y perderse en algún lugar, sabía que al ser domingo su esposo, el cual le ganaba con 20 años de edad no despertaría y ella tendría al menos un par de horas para poner tierra de por medio, sin embargo el destino le jugaría un duro revés.

Con el cuerpo adolorido se levantó en silencio absoluto, tomó dinero de la cartera y lo poco que ella había logrado escapar día a día, tomó a Marcelo y lo puso en un rebozo que llevaría en la espalda y a Andrés lo llevaría al frente, pero el grito del hombre que ya pretendía ponerse de pie a pesar de lo mareado la llenó de miedo y salió corriendo sin mirar atrás, dejó al pequeño y corrió hasta que se quedó sin aliento, un hombre le ofreció un aventon a una ciudad cercana y se arriesgó a subirse a un carro, la suerte estaba de su lado y todo salió bien.

Llegó a Nayarit por azahares del destino, ya que cuando arribó a la central le dijeron que el único camión que salía en 10 minutos pasaba por varios puntos incluido este estado del que alguna vez escuchó algo en voz de la única comadre con la que su esposo le daba permiso de platicar, ella era del municipio de Tuxpan decía y además comentaba que aún tenía familia acá en Nayarit.

Sin pensarlo subió al camión con su niño, llegó a Nayarit y pagó una llamada telefónica a la tienda donde su comadre trabajaba, ella le pidió que no le dijera nada a su marido quien estaba loco de coraje porque ella se había ido y amenazaba con matarla si la encontraba. Su comadre la apoyó y la dirigió a un familiar que por fortuna la ayudó.

Hoy tras esta breve plática dice que ha criado a su hijo Marcelo y que de su corazón desde hace 27 años sólo tiene la mitad porque la otra parte se quedó con Andrés quien fue criado por los papás de su entonces marido quien dejó de trabajar y se dedicó al alcohol y hasta las drogas.

Esta navidad a Marcela la vida le dio la oportunidad de ver a Andrés y de que este la conociera a ella y a su hermano gemelo, los tres lloraron, ella le pidió doble perdón, el primero por haberlo abandonado y no buscarlo jamás, “perdóname, pero mi miedo fue superior a todo” y el segundo porque ella no pudo perdonar al papá de ambos.

“Ni aunque sea navidad donde se ablanda el corazón puedo olvidar sus agresiones, sus golpes, las patadas que me daba yo tirada en el piso, el abuso sexual, no, nunca lo voy a perdonar, Dios habrá de ponerme un castigo por ello quizá, pero, ¿dónde estaba él cuando me golpeaba, dónde?, cuestiona Marcela.

Andrés decidió que vivirá en Nayarit un tiempo largo para convivir con su mamá y su hermano, sin decirle a su papá en dónde exactamente se encuentra para evitar problemas, dice que no tiene nada que perdonarle a Marcela porque sus abuelos le explicaron el por qué ella se fue y “la entiendo, es mi madre la quiero y ahora me toca disfrutar de ella y de mi hermano, me siento afortunado”; hoy, por primera vez en 27 años, los tres pasarán una navidad juntos. Mándame tus comentarios, dudas y sugerencias a mi Facebook Juan Félix Chávez Flores o a mi correo juanfechavez@gmail.com

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