Opinión

LA MUERTE DE LA DEMOCRACIA MEXICANA Y EL FIN DEL PACTO FEDERAL

Iveth Serna

La muerte de la democracia y el fin del pacto federal es la mayor decepción de la nueva administración. A un año del triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador y a siete meses de gobierno, podemos discutir si es pronto o no para afirmar que las decisiones del gobierno federal son acertadas o no, sin embargo, es buen tiempo para asegurar que hay algunas luces de alarma que no debemos pasar por alto.

El gobierno de AMLO y por lo menos los dos gobiernos anteriores, se han esforzado muchísimo y han gastado cantidades millonarias en propaganda para hacernos creer que las amenazas a la democracia son externas al aparato político; el narcotráfico, el crimen organizado, el “Imperio”, los migrantes, los grandes capitales, las malévolas instituciones económicas internacionales y hasta la mafia del poder, han sido señalados una y otra vez como los grandes enemigos de México y han servido para justificar la doctrina de seguridad del gobierno en turno como la única salvación nacional.

Mentira. Con la salida del primer militar a las calles se pactó la muerte de la democracia mexicana. Con la salida del primer Guardia Nacional se consumó el asesinato. Para crear el terror se mata, pero no se mata a un hombre, a un inocente, a un estudiante, a un sindicalista, a un delincuente, a un terrorista o a un narcotraficante; se mata a una idea enemiga, esas que amenazan las aspiraciones totalitaristas de la clase en el poder.

La mayor amenaza de la democracia mexicana es interna, es la involución autoritaria y centralista de los aparatos del Estado sumidos en la opacidad, burocratismo, el arrebatamiento del poder de decisión a las instituciones autónomas, el distanciamiento entre el poder y la sociedad civil y el amordazamiento de los derechos humanos, que en esta administración están enmudeciendo más que nunca. Y es que, como dice Todorov “la muerte de un hombre es una desgracia, pero 20 mil muertos es una estadística”, una estadística que nuestro presidente se niega a ver, o bien, trae otros datos.

El régimen de Andrés Manuel reprime desde el absolutismo presidencial que vuelca sus tentáculos de terrorismo de Estado a través de la Guardia Nacional. Ha desaparecido el Estado plural y democrático con la reducción a cero del poder Legislativo y Judicial, donde decide y ordena lo que se hace convirtiendo la farsa del ejercicio democrático en un espectáculo de circo.

El liberalismo desbocado y el grado de impunidad entre los miembros de esta administración es tal, que los lleva a decir y hacer cualquier barbaridad, pero la idea del ejercicio de gobierno es una sola; primero deben acabar con los “mafiosos”, después con los familiares, luego con los amigos, seguidos de los cómplices y por último con los indiferentes. Solo sobrevivirán los militantes, son tan incompetentes en el juego democrático que solo así garantizarán la continuidad.

Los mexicanos, desde todos los sectores, tenemos la obligación de dejar de escuchar y tomar la palabra. Es verdad que la democracia es un ideal perfectible que debe evolucionar en sociedades más equitativas, justas y humanitarias. Pero también es verdad que el autoritarismo es un retroceso.

Sabemos de sobra que AMLO es un autoritario, esperemos que no sea un dictador.

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