Opinión

LA IGUALDAD NO ES UNA CONCESIÓN

Fabiola Lara García

De entrada a este 2020, las mexicanas debemos de estar orgullosas por los avances logrados en materia de derechos políticos.

Los cambios legislativos (a los que tristemente hubo resistencia en silencio) han dado como resultado que haya mucho mayor participación de las mujeres en cargos legislativos, se postulen más candidatas a presidente municipal, síndicas o gobernadoras. Mejor aún, cada vez más mujeres ganan la voluntad ciudadana.

Para finalizar el 2019, el Instituto Nacional Electoral reportó que el 52% del listado nominal son mujeres. Es decir, 46 millones 749 mil 202 mujeres contra 43 millones 439 mil 648 hombres.

Y es cuando se vale hacer la pregunta, ¿en verdad importamos las mujeres en la política? Por que esa proporción de la lista nominal no es de hoy, tiene ya varios años y con todo y que somos más, no parecemos empatar en derechos políticos a los hombres; vaya que sangre, sudor y saliva nos han costado cada uno de los logros que se tienen hoy, producto de la lucha de muchas mexicanas.

Mucho discurso políticamente correcto de apoyo y apertura hacia nosotras, pero a la hora de los hechos, pocos nos apoyan en la pelea por derechos que nunca se nos debieron negar.

¿Existe óptica de la mujer en los cargos públicos?

Cuando veo las resistencias al lenguaje inclusivo y como lo minimizan, pues todo indica que, a pesar de que ocupamos más espacios en la vida pública y toma de decisiones, no se ve una óptica igualitaria en el ejercicio de los cargos públicos

Los hombres siguen dictando los cánones de la política electoral y la del servicio público y, sobre todo en tiempo de campañas, muchos utilizan a la mujer sólo para la fotografía y cumplir con lo políticamente correcto.

Se acercan los tiempos electorales en Coahuila e Hidalgo y comenzaremos a ver a muchas mujeres en las fotografías, siendo tema de discursos y promesas de campaña y cumpliendo con la ley al postular con igualdad. Ojalá las postuladas sean por capacidad y no por concesión para verse “políticamente correctos”.

La paridad es importante pero no debe ser nuestra aspiración máxima.

No podemos decir que estamos satisfechas cuando faltan otras batallas que ganar, como la equidad salarial y la incursión de las mujeres en otros ámbitos que se les mantienen con las puertas cerradas.

La igualdad no es una concesión.

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