Opinión

LA DIFÍCIL DECISIÓN DE DEJAR TODO PARA NO MORIR

Juan Chávez

Años de vida, tiempo y esfuerzo fue lo que Willa arrebató a miles de familias nayaritas, pero a Don Jesús más allá de la pérdida de todos sus muebles, sus dos camionetas pick-up, una panga y todas sus cabezas de ganado, hay algo que lo inquieta, que la computadora de su hija funcione, que se pueda recuperar el trabajo que ella ha realizado por un año para poder titularse de la universidad y cumplir así su sueño de ser una profesionista.

De casi 50 años, sembrando maíz, sorgo y lo que se puede, trabajando los fines de semana en la pesca, criando ganado y actualmente como empleado de una empresa particular en el municipio de Acaponeta, Don Jesús ha sacado adelante a su familia; él es nayarita de nacimiento, hombre de campo y trabajador que hoy no sonríe como siempre lo hacía antes, se enfoca diario en limpiar su casa y en encontrar quién lo ayude a recuperar un trabajo que su hija tenía guardado en su computadora tipo lap top, la cual fue cubierta de lodo en su totalidad.

Y es que en la comunidad de Los Sandovales, municipio de Tecuala, el nivel del agua tras el desbordamiento del río Acaponeta fue de un metro arriba de los techos de las casas, algo que supera la ficción y que arrasó todo a su paso. La mayoría de las personas abandonaron la comunidad e hicieron bien, porque ésta prácticamente fue comida por el río, por una corriente de agua que arrastraba vacas, puercos, ramas, carros y por poco personas.

“Solo tres familias decidieron quedarse en la comunidad; en la madrugada vinieron a decirnos que teníamos que salirnos, la verdad es una decisión difícil, no es fácil dejar tu casa y desprenderte de todo el patrimonio que has hecho en tu vida; unos creíamos que no pasaría nada con el huracán, que si dejábamos nuestras casas si nos pondríamos en riesgo pero por los robos. La verdad mi esposa me convenció, nos salimos de la comunidad, aun así hubo gente que no lo hizo, gracias a Dios sobrevivieron, pero el agua les llegaba al pecho, ya estando arriba de sus techos, según platican pensaban que iban a morir, y es que imagínate estar arriba y ver agua para todos lados, que la corriente subía y subía, pobres la verdad”.

A Don Jesús lo conocí cuando fui como voluntario a ayudar a los afectados por el huracán, un grupo de amigos íbamos pasando por su casa, él nos vio fijamente por unos segundos y no nos dijo nada, no pidió ayuda, por un momento pensamos que seguramente ya había sido apoyado y no tenía mucho que limpiar en su casa, qué equivocados estábamos, la mayoría pensábamos seguir con otra casa, pero un amigo se le acercó y le preguntó cómo estaba “hasta la fregada de lodo amigo, aquí andamos igual que todos” fue la respuesta de Don Jesús, su dos cuartos y su baño estaban llenos de lodo, éramos más de 10 los que nos pusimos a ayudarlo y estuvimos todo el día para sacar el lodo.

“Ojalá los conociera en otras circunstancias, o más adelante, dejen que nos repongamos un poco, se vienen para invitarles una botana, pero en verdad vénganse, aquí tienen una casa, una familia agradecida”, fueron las palabras que nos dijo Don Jesús al despedirnos de él, quien por cierto, trabaja solo en la limpieza de su casa, su hijo e hija siguen buscando en camionetas prestadas vacas que se llevó la corriente, igual que una panga, y su esposa ayuda en la limpieza de la casa de una hermana, que vive en otra comunidad y fue menos afectada, ahí duermen Don Jesús y su familia actualmente, su casa sigue siendo inhabitable.

Si bien es cierto hay satisfacción por lo que realizamos no hay conformidad absoluta, lo sé porque al llegar a casa con ampollas en las manos por la pala, el pico y la carretilla, pero yo puedo tomar un baño tibio, cambiar mis zapatos u ropa mojada y sucia por una cálida, limpia y seca. Cenar en un espacio familiar, alimentos calientes y luego ir a una reconfortante cama, es ahí donde reparo en que ellos, mis hermanos del norte no podrán hacer esto hoy, ni mañana y no sé cuánto tiempo tarden para recuperar su vida cotidiana, por ello me da tanto orgullo saber que la ayuda de miles de voluntarios sigue presente, que familias enteras continúan acudiendo a la zona cero y trabajan para dejar espacios dignos y de ahí a buscar ayudar con algún artículo, colchones, estufa, refrigeradores, ropa y todo lo que pueda auxiliar a retomar su vida.

Qué importa el tiempo que hagas en carretera, qué importa que tu ropa esté llena de lodo, que no comas sentado en una mesa y medio limpies tus manos para engullir una torta y un refresco o agua, nada es tan reconfortante como escuchar, “gracias”, se te llena el corazón de gusto y claro que quieres regresar, ayudar es contagioso; demos hoy la mano a quien lo necesita, mañana podríamos ser nosotros quienes ocupemos de otras manos. Mándame tus comentarios, dudas y sugerencias a mi Facebook Juan Félix Chávez Flores o a mi correo Juanfechavez@gmail.com

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