Opinión

LA BENDICIÓN DE ADOPTAR

LA BENDICIÓN DE ADOPTAR

Juan Chávez

A Marisela la vida no le dio la oportunidad de ser madre natural y ese impedimento la frustró por cerca de una década ya que uno de sus principales objetivos en la vida fue tener una gran familia, así como su abuela, su mamá y sus hermanas, “yo soy la quinta hija de una familia de 12, ocho mujeres y 4 hombres, crecimos felices en Mazatlán Sinaloa a pesar de las múltiples carencias económicas, mi papá trabajaba en una cosa y otra y el dinero no ajustaba, pero incluso así dentro de las posibilidades nos dieron lo que se pudo y mucho amor”.

“Mi mamá como buena señora antigua nos enseñó a llevar a una casa, tortear, cocinar, lavar, planchar hasta bordar y pues también por desgracia nos mostró que debíamos ser sumisas con los hombres, que ellos tenían el derecho de descansar y nosotros a pesar de llevar un día de escuela y en la casa había que atender a mis hermanos, lavarles la ropa y bueno, que ellos no movieran un dedo, eso me marcó y las palabras de mi mamá que nosotras nacimos para ser el pilar de la casa, aguantar y callar”.

Recuerda que sus hermanas se fueron a formar sus hogares, igual sus dos primeros hermanos de hecho de menor edad que ella y sus papás ejercieron presión de que “chivo brincado, chivo quedado” y pues “me fui con el primero que me hizo jalón, la verdad no lo quería, me medio gustaba pero no quería decepcionar a mis papás ni angustiarlos de que me iba a quedar y ahora entiendo que era mejor vestir santos que desvestir borrachos”.

Desde un principio él comenzó a maltratarla y a los dos años de vivir juntos y que ella no lograba embarazarse él la agredía constantemente con ese tema, “no sirves para nada, no sé cómo me fijé en ti si ni para dar hijos sirves, voy a ver si con otra si se puede porque la inútil eres tú yo estoy bien”, durante cuatro años Marisela vivió esa situación de agravio persistente y la incomprensión de la familia que le decían que desde cuando debería haberse embarazado. Un buen día él llegó, recogió sus cosas del cuarto que rentaban y se fue sin decirle nada y ella cayó en profunda depresión.

Tras quererse morir y no salir para nada llegó el cobro de la renta y tuvo que buscar de urgencia un trabajo. Ingresó a limpiar la casa de una buena familia sinaloense que le brindó un pequeño cuarto y un salario que quizá no era el mejor pero el ambiente de tranquilidad le ayudó mucho a salir adelante. Ahí conoció a Luis, el joven que iba a hacer trabajo de mantenimiento y estudiaba leyes los fines de semana, unos meses de entendimiento y se unieron por matrimonio civil.

Ella le dijo sus problemas de no haberse embarazado y acudieron con el médico, tras varios análisis le dijeron que sería prácticamente imposible lograr que fuera madre por problemas insalvables y entonces él le dijo que podían ser padres, acudieron a una casa hogar y durante dos años lidiaron con un papeleo interminable pero al final tiene una luz que corre, grita, los abraza y besa y Marisela es feliz.

“No me siento menos madre por no haberla engendrado desde mi vientre, Linda es así, como su nombre, me dice mamá y yo muero de amor, lloré tanto el primer día que la dejé en preescolar y espero con ansia la hora de ir por ella, Luis la adora y estamos por checar si podemos adoptar a otro niño, hay que pasar muchos estudios pero vale la pena”.

La adopción le costó el rechazo de sus padres, más no de la mayoría de sus hermanos, “me dijeron que ellos educaron hijos completos no medios y que siempre fui la rara de todos sus hijos, eso no me ha quitado el entusiasmo por vivir y aprender, tengo aquí en casa mi propio negocio, pongo uñas, pestañas y estoy aprendiendo a maquillar y peinar. Luis ya está comenzando en un despacho y sigue trabajando en varias casas, Dios es tan grande que me permitió ser madre y por ello, toda la vida se lo voy a agradecer”. Mándame tus comentarios, dudas y sugerencias a mi Facebook Juan Félix Chávez Flores o a mi correo electrónico juanfechavez@gmail.com

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