Opinión

FENOMENOLOGÍA POLÍTICA

ConSentidoComundeMujer


María Esther González Aguilar

Para varias generaciones, lo que se experimenta es sin lugar a dudas algo inédito, no imaginado, no previsto; está fuera de todo guion de la más maquiavélica y kafkiana trama del más genial escritor de un best seller e incluso de la más perversa mente del mas prestigiado consultor político y no me refiero a la crisis por la pandemia por Covid-19, sino de lo que somos testigos los nayaritas en las muy adelantadas pre pre campañas.
Un día sí y otro también, los nayaritas somos testigos de varios fenómenos: el primero, tiene que ver con reuniones y creación de organismos con fines político-electorales disfrazados, el segundo son las acciones perversas entre contrincantes y sus proyectos políticos, el tercero es el uso faccioso de redes sociales, encuestas “cuchareadas” así como contratación de molestos call center, el cuarto es el oportunismo político, un quinto es la posibilidad del ilegal uso de recursos públicos y finalmente brincar de un proyecto o partido a otro.
Sobre el primer tema, los aspirantes a ser candidatos a la gubernatura, alguna presidencia municipal, diputación local o federal –algunos de políticos no tienen nada- han abandonado todo código de ética y con sus estrategias buscan la forma de como darle la vuelta al marco normativo, antes disfrazaban sus reuniones con supuestas invitaciones, ahora el argumento es el de informar, realizar foros o encabezar organismos creados con fines electoreros desde la función pública. De la noche a la mañana les surge el interés por el desarrollo de la entidad.
El segundo fenómeno es uno de los más perversos y sacan lo más ruin de los seres humanos al hacer uso de la guerra sucia, golpes bajos, avientan todo tipo de porquería hacia los que consideran son sus enemigos a vencer, haciendo a un lado la verdadero fin de la política y recurren a la politiquería o se apoyan en argumentos legaloides algunos de los cuales no tienen sustento pero si pueden confundir a los ciudadanos pues la narrativa la realizan de tal forma que engañan a muchos.
El tercer aspecto es el uso faccioso de mandar levantar encuestas a modo, casi siempre “cuchareadas” cuyos resultados los difunden y pagan publicidad, lo anterior sin olvidar que gran porcentaje de los ciudadanos actualmente ocultan su verdadera intención o simpatía por alguna figura o partido. A lo anterior se suma la contratación de molestos centros de llamadas –que atentan contra el derecho a la privacidad y protección de datos personales- y al extremo de llamar hasta el cansancio, incluso en horas no deseadas. Otros invitan a seguirlos en sus cuentas en redes sociales donde invierten en publicidad, siempre aprovechando algún cargo público.
El oportunismo político es el cuarto de los fenómenos que experimentamos y van desde hacer entrega de raquíticos equipos a estudiantes para que reciban clases a distancia, en este sentido entregan uno y lo publicitan como se hubieran entregado cientos o miles, cuando en el fondo lo que se necesita es tener el servicio de internet; otro es donar material contra el coronavirus, sanitizar espacios e incluso nebulizar con sustancias de las que no está claro si cuentan con autorización de las respectivas autoridades.
​El quinto elemento es el uso de recursos públicos, punto difícil de comprobar aun cuando se afirme que los movimientos, adquisiciones o reuniones se realizan con recursos propios, el hecho de que –por ejemplo- se use un vehículo oficial, se pague gasolina a cargo del erario, se hagan acompañar de personal de seguridad o “voluntarios” que apoyan pero laboran en las dependencias donde el aspirante es el jefe o titular, se trata de recursos.
Finalmente estamos en la época de, sin rubor, se brinca de un partido o proyecto a otro, sin ideología, sin filosofía, sin compromiso, solo atendiendo a sus intereses, hacen a un lado el voto ciudadano y olvidando a quienes depositaron su confianza. ¡Ah! y todo lo anterior ante un árbitro electoral que argumenta que para actuar debe mediar una denuncia. Así está la fenomenología política ¡Es cuanto!

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