Opinión

EL PAPEL DE LA COMUNIDAD SOBERANA EN EL MITO DEL FEDERALISMO MEXICANO

Iveth Serna

La pacífica conjugación entre autoridad e igualdad es la principal tarea del federalismo en tanto contrato político bilateral y conmutativo, como tal, existe un acuerdo con obligaciones recíprocas en el que ambas partes comparten los riesgos de las pérdidas y las ganancias de manera equitativa.

Bajo estas circunstancias ¿podemos decir que, en una democracia centralizada y mínimamente participativa como la mexicana, el contrato político entre los ciudadanos, que ceden la totalidad de su soberanía y gran parte de su producción a la federación, y el Estado que no termina de garantizar el orden, la justicia, la estabilidad y la paz, es equitativo y bilateral?

Más inequitativo resulta cuándo algunos sectores como las comunidades indígenas, los colectivos de familiares de personas desaparecidas y víctimas de violencia, los sintecho, los normalistas, los activistas ambientales, los pequeños productores agrícolas y ganaderos, entre muchos otros, están totalmente relegados de los mínimos beneficios que nos da contrato social.

Es indispensable promover una discusión seria y a profundidad sobre el pacto federal, sin embargo, la visión netamente economicista que tanto la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO), como la llamada Alianza Federalista comparten, es inútil y limitada.

Para Proudhon la Federación es un contrato político en el que la ciudadanía “conserva toda su libertad, toda su soberanía y toda su iniciativa en todo lo que no se refiere al objeto especial para lo que se ha celebrado y se busca la garantía del Estado”.

La discusión debe partir, entonces, de la claridad de que el pacto federal es celebrado entre el ciudadano libre y soberano y el Estado, no entre los Ejecutivos estatales y federal, idea que nos han vendido los publicistas gubernamentales a lo largo de la creación del gran mito nacional.

Proudhon pone el dedo en la llaga del federalismo mexicano cuando asegura que las atribuciones federales no pueden exceder jamás en realidad ni en número las de las autoridades municipales, pero éstas tampoco pueden se mayores que los derechos y libertados del ciudadano.

En el mito mexicano la lógica es totalmente opuesta, la Federación con su entramado institucional va ganando cada vez más y más atribuciones que atentan contra la soberanía del ciudadano en tanto que limita sus libertades individuales mediante el uso y abuso de la fuerza pública, y que no son objeto del pacto federal.

Sin embargo, ni en los lineamientos de la CONAGO ni en los de la Alianza Federalista se propone la defensa de la libertad y la soberanía ciudadana, mucho menos la ampliación de las formas de participación política directa y la autogestión de comunidades que vayan más allá del voto.

Ambas agrupaciones tienen como eje de discusión la reformulación del pacto fiscal, que no del pacto federal, sus esfuerzos se centran, como hemos recalcado tanto, en una visión reduccionista de desarrollo que no saben traducir más que en el aumento de prerrogativas y en el engrosamiento de los presupuestos, mientras que las comunidades siguen en la opresión y la miseria, muy lejos aún del bienestar.

Los gobernadores deberían estar discutiendo sobre los mecanismos de descentralización administrativa y la autogestión productiva de las comunidades, para ello deben abandonar la lógica jerárquica, de privilegio y de mercado en la que están insertos.

Sin este cambio de visión propuestas como la eliminación de instituciones, el otorgamiento directo de los programas sociales a sus beneficiarios sin intermediación de los gobiernos estales y municipales, o el traslado de las Secretarías de Estado fuera de la Ciudad de México, cuya condición de entidad autónoma no le alcanza para pertenecer legítimamente al pacto federal, sin embargo, lo hace aunque sus ciudadanos estén despojados de su soberanía y aún así tengan que soportar el mayor peso de la distribución fiscal.

Por otro lado, retomando a Proudhon, una señal cierta de que nuestra disolución como federación está próxima es la confusión del lenguaje y de las ideas, en esta distorsión de conceptual, en la que también hemos insistido incansablemente, paradójicamente, en nuestro país está bien visto ser casi cualquier cosa menos antidemocrático (que es lo mismo que anticapitalista) y al mismo tiempo, se debe ser casi cualquier cosa, menos federalista.

A la luz de esta idea, entre otras, una de las grandes deudas del gobierno federal es comunicacional, el argumento de la austeridad republicana ya no es suficiente para explicar y legitimar las acciones de descentralización. Deuda compartida con los gobernadores de la CONAGO de la Alianza que tampoco han logrado tener una comunicación efectiva, ni entre ellos ni con los depositarios legítimos de la soberanía.

Al situarse en la misma lógica economicista, los discursos de los gobernadores y del gobierno federal pierden fuerza y valor como contrapeso, mientras la economía no deje de ser el pretexto constante de disolución o disidencia, la discusión y la acción en torno al pacto federal se empantanan en lo que Proudhon llama la rueda de Ixión en analogía al mito griego.

Los responsables de la administración pública no solo deben elevar el nivel de debate en torno al pacto federal, sino que están obligados a incluir a la ciudadanía mediante formas de participación directa, deben darnos ya nuestra mayoría de edad y permitirnos la autogestión de las necesidades e intereses de nuestras comunidades en libertad y soberanía, de lo contrario, cualquier federación habrá sido combatida, violada y traicionada por las mismas personas y principios de los que hoy se asumen como sus férreos defensores.

La única protección civil contra los abusos de cualquier forma de gobierno, incluso contra las desgracias capitalistas de la democracia, es la federación. Pero cuando la discusión sobre el pacto federal se centra en una falsa razón económica y la solución del conflicto tiene todo que ver con la discusión de una fórmula económica fiscal, comprendemos que el llamado a la reformulación de pacto federal es una mentira, sin embargo, de los ciudadanos organizados en comunidades libres y soberanas depende que no deje de ser un mito.

Comentar

Click here to post a comment

A %d blogueros les gusta esto: