Nacional

EL DOLOR DE LA SOLEDAD EN LA VEJEZ

#SimplesDeducciones

Juan Chávez

En Japón crecieron de manera llamativa los delitos menores, tales como robo de algún alimento o de algo pequeño, el objetivo es ir a la cárcel, pero, ¿quiénes cometen este delito y por qué?, sorprendentemente son personas mayores de 65 años de edad y lo hacen por dos razones, la más frecuente porque no toleran estar solos y la otra porque su pensión no les alcanza para comer o cubrir los gastos de vivienda y saben que en una prisión tendrán compañía y comida tres veces al día.

El dato recabado por el gobierno japonés es escalofriante, en 1990 los delitos que se cometieron por personas con una edad superior a los 60 años fueron de un 4 por ciento pero actualmente alcanzó el 25%, un incremento del 600 por ciento.

Pero quizá al leer estas primeras líneas puedas pensar “bah, es Japón, está al otro lado del mundo, es más, quizá nunca vaya yo para allá”, pero la sorpresa es que México y obviamente nuestro estado no está fuera de esta dura situación para miles de ancianos, la gran mayoría sin pensión y otros con una mínima que no cubre ni siquiera sus necesidades más apremiantes como lo es la comida.

Basta pasar los días primero de cada mes y hay decenas o cientos de abuelitos hombres y mujeres afuera de una institución bancaria en especial. Desde las 4 de la mañana van llegando con sus años y dolencias a cuestas, algunos también cargan un pequeño banquito para no permanecer parado al menos 4 o 5 horas en espera de que abran la puerta del banco y poder cobrar la mísera pensión que se les va a esfumar en unos cuantos días o quizá horas y, ¿luego qué sigue?, el hambre, la sed, el dolor, ¿la desesperanza?

Platicando con uno de ellos mientras hago también fila pero para otro trámite me dice que sí tiene hijos y nietos pero nadie lo visita ni le hablan, me cuenta que pasa días sin hablar con nadie, “solo con mis recuerdos y mis pensamientos, es feo hijo pasar por esto, además los recuerdos ya no son tan coloridos como antes, siento que la memoria ya me falla”.

También me explica que los días primero de cada mes los espera con verdaderas ansias no sólo porque va a cobrar y de ahí podrá comprar un pollo rostizado entero para comer unos tres días al menos, sino también porque va a poder platicar varias horas con desconocidos que al paso de los años y de topar en esas filas se han hecho amigos y varios de ellos tienen el mismo pesar, la soledad, su fiel compañera.

Otro de los ancianos que hace fila se ríe de lo que me está platicando mi nuevo amigo y dice que a él ni le gustaban los perros, pero ahora tiene dos y con ellos platica todos los días aunque se volvió ya una preocupación para él: qué pasará con ellos si llega a morir, pero una vecina le dijo que no se preocupe por eso, que ella los va a cuidar.

A pesar de que la plática de ambos me envuelve no me impide que mi pensamiento viaje hacia un futuro que no sé si tendré y adelanto que me da preocupación, reflexiono en que la soledad me podría llegar a pesar de tener hijos o más familia, nunca podemos saber cómo nos irá y es un tema que no me gusta mucho pero es la realidad.

Pienso que en un mundo donde la vejez comienza a predominar y la juventud es tan corta; el futuro se ve difícil, complicado pero más aún cercano, porque el tiempo pasa rápido, las enfermedades llegan y con ellas muchas de las veces la tristeza y la soledad. Yo sólo espero que mi vejez no sea tan complicada como la de las historias que escuché en este inicio de mes. Mándame tus comentarios, dudas y sugerencias a mi Facebook Juan Félix Chávez Flores o a mi correo electrónico juanfechavez@gmail.com

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