Opinión

ECONOMÍA DE LA FELICIDAD

José Enrique Rodríguez Oceguera

En 1994, poco antes de finalizar el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, solo unos pocos economistas advirtieron de la bomba de tiempo que significaba el tener un déficit de cuenta corriente tan alto en la Balanza de Pagos y sostenerla con un superávit en la cuenta de capital. En otras palabras, los capitales especulativos sostenían a la economía, de manera artificial ante las consecuencias derivadas, sobre todo, de los últimos acontecimientos políticos que en ese entonces golpearon a México. El resultado, lo conocemos: fuga masiva de capitales y una de las crisis más severas del México contemporáneo.

Hoy, no estamos en una situación parecida, debido a que, desde entonces, se ha procurado mantener una economía con indicadores más saludables, en cuanto a gasto público, responsabilidad en el ejercicio del mismo, deuda externa, inflación, tipo de cambio, etc. Sin embargo, ese equipo técnico que desde 1995 ha priorizado la estabilidad macroeconómica está siendo, en el actual gobierno federal, severamente cuestionado y denostado por el simple hecho de existir. Frases como la economía no es ninguna ciencia o son cosas de técnicos insensibles se repiten una y otra vez en el discurso oficial, sustituyéndole por una abstracción difícil de medir, como lo es la felicidad del pueblo. Ahora, ya no se necesita crecer, basta la voluntad del líder para hacer que las familias aumenten su ingreso y sus indicadores de bienestar.

El pasado 8 de septiembre, como lo marca la ley, fue presentado al Congreso de la Unión el Paquete Económico 2020, por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), el cual está integrado por: Los criterios generales de política económica, la Iniciativa de Ley de Ingresos de la Federación, la Miscelánea fiscal y el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación. La misma Hacienda manifiesta que su principal criterio para operar es el de la austeridad republicana y se enumeran algunas cifras meta para el próximo año. Por ejemplo, tener un superávit primario del 0.7% del PIB; ingresos totales del sector público de 6 096.3 miles de millones de pesos, con sustancialmente más ingresos tributarios que derivados de deuda; un presupuesto de egresos que «da prioridad al gasto orientado a programas sociales que permitan reducir las desigualdades económicas…así como proyectos que tengan mayor incidencia en los determinantes del crecimiento potencial de la economía» (Comunicado 082, SHCP).

Todo, hasta aquí, sonaría rutinario y correcto (responsable es la palabra que usa más Hacienda), sino fuera por lo que no dice el Paquete Económico 2020 (las letras pequeñas). En el presupuesto que se dice responsable van 41 200 millones de pesos para la refinería de dos bocas, 2 500 millones de pesos para el tren maya, 5 373 millones de pesos para el Aeropuerto de Santa Lucía, 25 619 millones de pesos para el programa Jóvenes Construyendo el Futuro. De todos ellos, se enfatiza que disminuyeron su presupuesto respecto al 2019, lo cual es cierto, pero no por ello supone una gran noticia. Esto no es lo que promueve el crecimiento y desarrollo de la economía, tan solo elefantes blancos del futuro y sostenimiento de clientelas electorales. Lo que sí supone avances en la sociedad no

será atendido. Ejemplo: la ciencia y la tecnología no crecerán en términos reales, descontando la inflación. Se elimina el programa de innovación tecnológica y todo sigue igual respecto a: becas de posgrado, Sistema Nacional de Investigadores, Centros de Investigación, etc. (Mariluz Roldán, Otro golpe a la ciencia, La silla rota, 8 de septiembre de 2019).

Ahora bien, el gobierno presume el superávit primario, lo cual -en principio- es una buena noticia. Recordemos solo que el superávit primario es la diferencia entre los ingresos y gastos totales de un gobierno antes del pago de las obligaciones del mismo (deudas). Este superávit ha sido a costa del despido de los cuadros especializados que necesita todo gobierno para operar, en un rango de más de 113 mil los afectados a la fecha (Neldy San Martín, En la 4T, despidos a rajatabla y sin diagnósticos, Proceso, 4 de septiembre de 2019). Ha sido a costa, también, de dañar los apoyos a la cultura, a la fecha no hay publicaciones, investigación o desarrollo cultural, se trabaja con lo poco que se tiene. De hecho, el presupuesto para 2020 aumentó solo 0.1% en términos reales, vía el ramo 48 (Leticia Sánchez Medel, Milenio, 8 de septiembre de 2019). Pero la historia no para ahí, aún con estos golpes, se podría decir que es bueno tener un superávit primario, pero el balance económico es negativo. Ese es el dato que importa. Para julio de 2019, es cierto que el superávit primario es de 130 520.6 millones de pesos, pero el balance económico arroja un déficit de 183 491.6 millones de pesos (Banxico, Sistema de Información Económica, Ingresos y Gastos Presupuestales del Gobierno Federal, CG2). Es decir, hay deudas y obligaciones por pagar; es falso, entonces, que no hay deuda o que todo está en números negros.

Por último, veamos la Balanza de Pagos con los propios datos de las autoridades económicas (Banxico,Sistema de Información Económica, Balanza de pagos, CA 410) . Tenemos déficit en la cuenta corriente acumulado de enero a junio, en un monto de 3 366 millones de dólares y un déficit en la cuenta de capital, acumulado en el mismo período, de 143 millones de dólares, una variación de reserva de capitales de 136 millones de dólares a la baja y, por errores y omisiones, se han fugado 5 080 millones de dólares (Cuenta de Errores y omisiones). En apariencia, las cifras no son tan preocupantes, pero todas son negativas. Se sostienen, con artificios, gracias a las remesas (17 255 millones de dólares) y las altas tasas de interés, de las más altas del mundo (más de 8 puntos base que nos dan un total de 17 445 millones de dólares de pasivos de deuda).

Pongamos en contexto estas cifras. Remesas y deuda de capital llamado golondrino son muy similares. El capital especulativo es mayor al de inversión directa (17 mil contra 14 mil millones de dólares) y el dinero se está esfumando silenciosamente. Pero el ejecutivo anuncia que todo es felicidad, que no pasa nada y que los críticos solo lo hacen por envidia. Ni siquiera las otras cifras ponen las alarmas, son los propios datos oficiales leídos con corrección. Lo único feliz son las cuentas alegres de la clase política imperante en este momento en México.

Maestro en Políticas Públicas, ITAM. @jerodriguezo

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