Opinión

DIECIOCHO AÑOS ATRÁS

Gustavo Ferrari Wolfenson

Hace dieciocho años, el 11 de septiembre de 2001, volaba desde la ciudad de México a Miami en un avión de American Airlines, para combinar con otro de la misma empresa hacia New York. Iba a negociar el ultimo crédito puente que el gobierno de Estados Unidos le otorgaba a la Argentina en su salvataje económico. Eran las 7:30 de la mañana y minutos antes de aterrizar en esa capital latinoamericana que es Miami, el capitán nos comunicó la noticia que por problemas operativos el aeropuerto estaba cerrado y que debíamos regresar a la ciudad de México. Mas allá de los comentarios propios que se hacen en una situación así, nunca nos imaginamos que al aterrizar nuevamente en el Distrito Federal, nos íbamos a encontrar con las imágenes que daban vuelta por todo el mundo.

Las coincidencias de volar por la misma aerolínea, de dirigirme a una ciudad que había sido el centro de operaciones de los atentados y el centro de adiestramiento de los pilotos suicidas, me produjeron muchas sensaciones en mi interior que al día de hoy todavía marcan mucha confusión. Por lo tanto el hacer un comentario analítico sobre los factores políticos-económicos de Estados Unidos luego del 11 de septiembre me llevan a cargarle, por momentos, alguna cuota mucho más emocional que científica.

En lo que respecta a la política interna de los Estados Unidos, siento primeramente que el 11 de septiembre permitió legitimar plenamente a una administración que no había podido aun desprenderse de la opinión sobre el procedimiento de su acceso al poder y por ende, daba muestras muy notorias de su debilidad institucional. Los sucesos, que representaban un claro ataque contra la integridad y vulnerabilidad del país, hicieron alinear a la población, a sus representantes, mas allá del signo político-partidario, junto a la máxima autoridad de la Nación: su Presidente. El fortalecimiento del gobierno significó un primer paso para mostrar a la ciudadanía y al mundo, que mas allá de un cuestionado sistema electoral, el Presidente de los Estados Unidos se llamaba George W. Bush.

En materia económico financiero, meses de recesión acelerada contrastaban fuertemente con los años de crecimiento sostenido de la administración Clinton. El inmediato aumento del presupuesto para gastos de Defensa, aprobado de emergencia por el Congreso, le permitía al Gobierno generar la expectativa de incrementar los índices de producción industrial y empleo, aunque éstos fueran hacia la industria bélica.

En lo personal, la administración de Bush hijo tenia la oportunidad de concluir con un viejo anhelo: derrocar, de cualquier forma, a los enemigos legados del gobierno de su padre: Nombre y apellido Saddam Hussein.

Si bien las naciones del mundo condenaron abiertamente los ataques del 11 de septiembre, con el paso de los meses fueron más prudentes de acompañar algunas decisiones de los Estados Unidos que fueron consideradas más emocionales que racionales. La Unión Europea en su conjunto comenzó a cuestionar algunas actitudes que giraban en torno a una posición un tanto rudimentaria de “los que no están conmigo son terroristas también”.

América Latina por su parte, vio también esfumarse, en pos de una lucha personal y dirigida hacia otras latitudes, muchos de los recursos que inicialmente estaban destinados a programas de ayuda financiera a sus países. Muchas de las iniciativas hacia el continente se postergaron en función de otras prioridades.

A dieciocho años de los sucesos, todos recordamos ese 11 de septiembre. Aquellos que creían que era imposible que eso sucediera en los Estados Unidos; aquellos que en manos de los 50 atentados de gran impacto sucedidos a nivel mundial en la última década sin contar el sin número de coches bomba en Irak, Afganistán, España, Israel y más recientemente hasta México, que no pudieron ser mediatizados, aun lloran también a sus victimas; aquellos que pensaban recibir ayuda financiera para solucionar su déficit interno y la ingobernabilidad de su gestión y no lo consiguieron (caso Argentina); para mi amiga Paty Méndez que cumplía años, para aquellos que clamaban venganza y se han tenido que someter, aunque sin aceptarlo, al marco jurídico establecido por la comunidad internacional y para mi que evidentemente el destino aun no ha signado mi suerte sobre un avión.

@gferrariw

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