Opinión

CON DIOS Y CON EL DIABLO

Juan Carlos Abreu

El nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México fue uno de los temas emblemáticos de la campaña de Andrés Manuel López Obrador, pues ofrecía que en caso de llegar a la presidencia cancelaría dicha obra.

Durante semanas, el tema fue materia de múltiples y diversas opiniones a favor y en contra y motivo de desencuentro y controversia entre el sector empresarial y el entonces candidato.

El asunto ha sido retomado por López Obrador -y su equipo-, pero ahora ya como virtual presidente electo, por lo que se debe ser tomar con mucha más seriedad lo que plantea al respecto, pues ya no se trata de una ocurrencia de campaña.

Si bien el próximo mandatario ya no habla de determinar la cancelación de la obra; la decisión de someter a una consulta ciudadana el futuro de la misma parecería una vacilada, de no ser porque lo dice muy en serio y eso lo torna preocupante.

¿Bajo qué criterio quienes participen en esa consulta emitirán una opinión o elegirán una opción entre las tres que plantea López Obrador (1. Continuar la obra bajo el esquema actual de inversión público/privada. 2. Concesionar la obra en su totalidad a la iniciativa privada. 3. Cancelar la obra y construir dos pistas en la base militar de Santa Lucía que funcionarían de manera paralela con el actual aeropuerto -propuesta original de campaña-)?

Por simple sentido común, se entiende (o al menos así debiera ser) que la construcción de un aeropuerto para una ciudad como la capital del país es un proyecto de gran envergadura que requiere múltiples consideraciones especializadas de carácter técnico y económico.

En entrevista, Ángel Villa, egresado del Colegio del Aire y especialista en electrónica de aviación, enfatizó la necesidad de que la Ciudad de México tenga un nuevo aeropuerto y explicó algunas de las razones que hacen inviable la opción de las pistas alternas en Santa Lucía.

“Las rutas de llegada, espera y emergencia están muy cerca de Santa Lucía. Un incremento en el aeródromo sería cómo hacer un segundo piso y saturarlo, con el riesgo que eso implica”.

“Desde el punto de vista aeronáutico, no sería posible por el flujo de tránsito con el que cuenta ya la ciudad; cada tres minutos despega y aterriza una aeronave. Tendría que dejarse pasar cierto tiempo entre las operaciones de una y otra terminal para que pudieran funcionar ambas y eso ocasionaría retrasos en perjuicio de los usuarios”, indicó.

De acuerdo con Villa, tener dos aeropuertos también tendría un impacto económico, pues incrementaría costos por llevar a cabo dobles operaciones, además de la necesidad de crear nuevas terminales y hangares para las aerolíneas que operarían en Santa Lucia.

López Obrador ha dicho que el pueblo es sabio y por ello se le consultará, pero realmente ¿cuántas personas saben sobre estas mínimas consideraciones?

Una de las opciones que se plantearán en la consulta, por lo ya expuesto, es técnicamente inviable, factor que abre la puerta a la posibilidad de que la voluntad popular “decida” que lo mejor es concesionar totalmente la obra a la iniciativa privada. ¿Acaso López Obrador está viendo en la realización de esa “consulta” una alternativa que le permita quedar bien con Dios y con el Diablo?

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