Opinión

ABRIR EL DIÁLOGO SOBRE LA UAN

Marisol Sánchez

Lo ideal, correcto, justo y democrático sería que antes de aprobar los cambios o modificaciones planteadas en la iniciativa en cuestión, se abriera un proceso de diálogo, debate y construcción legislativa democrática e incluyente en el que se buscará el acuerdo, entendimiento o el consenso.

Soy partidaria de que se escuche la voz de los universitarios; de los estudiantes, de los maestros, de los trabajadores y del pueblo.

Reconozco la necesidad no sólo de reformar la ley orgánica de nuestra alma mater, sino de realizar una verdadera revolución educativa y cultural que haga de nuestra máxima casa de estudios una universidad de vanguardia y excelencia.

Una universidad científica, popular, crítica y democrática que forme profesionistas de alto nivel y lleve los saberes y conocimientos al pueblo.

Desde su fundación en el año 1969, con la expedición de su ley orgánica habiéndose creado previamente el patronato de la ciudad de la cultura Amado Nervo bajo los auspicios del entonces gobernador Julián Gascón Mercado, la Universidad Autónoma de Nayarit ha enfrentado muchas pruebas y adversidades existenciales que por fortuna ha podido superar hasta convertirse y ser el cerebro impulsor de nuestro desarrollo y progreso. A la Universidad le debemos mucho de lo que somos como estado y como pueblo. Miles de profesionistas han egresado de su seno y han contribuido con sus saberes y valores al desarrollo y grandeza de nuestro estado. Por eso hoy que enfrenta una crisis debemos de ser solidarios, contribuir de la mejor manera a la solución de sus problemas que enfrenta, con pleno y absoluto respeto a su autonomía universitaria. Nadie mejor que los universitarios conoce sus problemas, limitaciones, insuficiencias, vicios y lastres que su propia institución educativa sufre y en consecuencia nadie mejor que ellos para saber afrontarlos y resolverlos. Nuestro deber es acompañar este proceso de enmienda y rectificación, así como brindar todos los apoyos que estén a nuestro alcance sin vulnerar su autonomía no suplantar su voluntad ni soberanía con plena conciencia de que autonomía significa autogobierno.

Algunos de los padecimientos y dolores de la universidad son del dominio público, sabemos del peso que tiene y el costo económico que significa una obesa burocracia administrativa, de las prebendas y privilegios de algunos actores o referentes universitarios, de la existencia de algunas nóminas excesivas o del cobro de plazas que no se devengan. Estamos enterados de algunos actos de corrupción y simulación, esos problemas que desgraciadamente padecemos y padecen la mayoría de las universidades y que son una herencia del pasado, no nos pueden llevar a la conclusión de que hay que desaparecer o descalificar a las universidades públicas o a la educación pública, ni mucho menos de que hay que acabar de un plumazo o con un alba o la autonomía universitaria. Debo decir en voz alta y con todas sus letras que estoy a favor del respeto escrupuloso y puntual de la autonomía universitaria, que valoro altamente y defiendo la educación pública, que considero que es un error repetir el procedimiento que se siguió en la aprobada reforma educativa que finalmente fue revertida y anulada porque se hizo sin los maestros y hasta en contra de los maestros, en este caso se pretende hacer una reforma al marco jurídico de la universidad sin los universitarios, en forma vertical y autoritaria, legislando al vapor y realizando prácticamente un albazo legislativo.

En consecuencia me parece ocioso entrar al análisis de los puntos medulares de la iniciativa si ésta no está legitimads por la comunidad universitaria. Estamos de acuerdo en que hay que sanear a la Universidad, en que hay que rescatarla e impulsarla hacia el futuro, pero esta loable labor y noble propósito se tienen que hacer de la mano con los universitarios, no sin ellos o en contra de ellos, pero además escuchando a la sociedad y para ello hay que abrir los oídos y demostrar voluntad política, hay quien siempre ha querido acabar con la universidad pública y privatizar la educación y hacer de este bien público y derecho fundamental, una mercancía de la que sólo pudieran comprar algunos, por eso las universidades privadas se han multiplicado como hongos y surgieron una multitud de universidades patito que otorgaron títulos a manos llenas y al mejor postor, y por supuesto también doctorados honoris causa como el que le otorgaron a Edgar Veytia.

Hoy de lo que se trata es de hacer el diagnóstico de la problemática universitaria, reconocer la necesidad de cambio y realizar estos con la participación y acuerdo de los universitarios y del pueblo. Parto de la base de que a nadie le gusta que le impongan nada, a nadie le gusta que lo ignoren, a nadie le gusta que lo avasallen, a nadie le gusta que lo excluyan. Si el propósito es cambiar el procedimiento y el mecanismo de los factores de decisión para elegir el rector, dándole mayor preponderancia a los académicos y a los alumnos e abierta y públicamente de cara a la sociedad, pero también escuchemos los argumentos de quien se pronuncia a favor del voto universal y directo. Si el propósito es que no haya incompatibilidad de labores y desvíos de energías o recursos sino lealtad total, concentración absoluta y amor por la universidad, cerremos filas para lograrlo en unidad franca con los universitarios, si son recursos económicos lo que le falta para mejorar el funcionamiento de lo universal busquémoslos juntos para asegurar su éxito.

Compañeros Legisladores, público que nos acompaña, la universidad es el tesoro más grande y sagrado que tiene nuestro pueblo, cuidemosla, respetémoslas, hagámosla más grande, realicemos todos juntos, universitarios, pueblo, Gobernador y legisladores una revolución amorosa y libertaria para que nuestra alma mater florezca y nos siga iluminando en la construcción de una patria nueva y una sociedad más justa.

Hoy deberíamos de hacer un alto para darnos la oportunidad de ir al campus universitario a escuchar el sentir de la comunidad universitaria. Este ejercicio de parlamento abierto sería de forma responsable inteligente, madura y civilizada de legislar. Votaré en abstención por no decir en contra porque para mí lo más sagrado es el pueblo y la patria. Muchas gracias.

* La autora es diputada por el PT en Nayarit, esta intervención fue pronunciada durante el debate sobre la reforma a la Ley Orgánica de la UAN.

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